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MENSAJE DEL PATRIARCA A LOS SACERDOTES CON OCASIÓN DEL JUEVES SANTO 2023




Patriarcado de Antioquía y de todo el Oriente


Mensaje del Patriarca Cardenal

Mar Bechara Pedro RAÍ

a los sacerdotes, dirigido en primer lugar a nuestros hermanos los obispos, con ocasión del

Jueves Santo – 6 de abril de 2023


 

Amados y respetados, queridos sacerdotes diocesanos y monjes en el Líbano, en el territorio patriarcal y en los países de expansión.


«Hagan esto en memoria mía» (Lc 22, 19)


1. En este Jueves Santo, en el que celebramos el aniversario de la institución de nuestro sacerdocio al servicio de la Eucaristía, y de los sacramentos de la Iglesia derivados de este Misterio, me complace unirme a ustedes y a nuestros hermanos obispos, sus pastores, que velan por ustedes, mientras renuevan con ellos sus promesas sacerdotales, ante Cristo, nuestro Señor, que está presente en el Misterio de la Eucaristía.


Y me uno a ustedes mientras realizamos el Sacrificio de Acción de Gracias a Dios por habernos elegido a todos nosotros para que, en la Persona de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y en su nombre, anunciemos la Palabra de Vida a nuestro pueblo como alimento de su fe, distribuyamos las gracias de los sacramentos para su santificación y los cuidemos con el amor de Cristo.


Y con ustedes, en este día santo, ofrezco el Sacrificio por el perdón de cada pecado, mancha y falta con que hemos desvirtuado la santidad del sacerdocio, y con el deseo de pasar, con la Pascua de Cristo, a una vida nueva y mejor. Mientras saboreamos la bondad de pedir el perdón y perdonar, nos dedicamos a hacer que los creyentes lo saboreen, como nosotros, a través del servicio del Sacramento de la Penitencia, responsabilidad primordial de nuestro sacerdocio.


En esta liturgia que celebramos hoy, hagamos de ella, también, un Sacrificio inspirado por (por pedir la inspiración de) las luces del Espíritu Santo para que, con su venida, renovemos nuestros propósitos y nuestras fuerzas con aquel mismo celo de nuestro primer día de la ordenación como sacerdotes, teniendo presente las crecientes necesidades de nuestro pueblo, para que seamos ante ellos signos de esperanza.


2. Me alegra, asimismo, felicitarlos por la fiesta de nuestro sacerdocio, especialmente, porque estuvimos, en la mente de nuestro Señor Jesús en su Última y Nueva Cena Pascual, porque después de haber convertido el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre, con su oración de acción de gracias y de santificación, anticipando su Sacrificio en la Cruz y su Resurrección de entre los muertos, cuando dijo: «Tomen y beban, este es mi Cuerpo que es entregado por ustedes… Tomen y beban, este es el cáliz de mi Sangre que se derrama por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados» (Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-24; Lc 22, 17-19); añadió: «Hagan esto en memoria mía (Lc 22, 19). Con estas palabras instituyó nuestro sacerdocio, nos encomendó el depósito de la continuidad en el Sacrificio y Banquete de su Cuerpo y de su Sangre, aquí y ahora, para la vida del mundo; este es el tesoro más valioso confiado a nosotros por el Señor Jesús, para que sea nuestro sacerdocio diario, perpetuo y vivido, y la fuente de nuestro consuelo, fortaleza y esperanza.


3. Con este sacerdocio, Dios nos puso al frente de nuestro pueblo para caminar delante de él con el ejemplo de nuestra vida, y llevarlo a la fuente de nuestra salvación. Nos colocó en el medio para solidarizarnos con nuestro pueblo, fortalecer a los débiles, guiar a los perdidos, dirigir a los vacilantes y tratar a todos con humildad, comprensión y escucha. Nos puso detrás de nuestro pueblo para protegerlo de cualquier agresión, para proteger al rebaño de los lobos, para convertir a los descarriados, para ser pacientes con los que están atrasados y para preservar su unidad protegiéndola de cualquier disensión.


Esa posición triangular requiere que el sacerdote esté de tiempo completo para su parroquia, presente en ella y visite a sus familias. Sin visitar a los feligreses, el sacerdote queda como un extraño para ellos, no los conocerá e ignorará por completo sus situaciones.


4. Hoy más que nunca, nuestro pueblo espera con ilusión a la Iglesia. La parroquia es la Iglesia de Cristo en miniatura, y su sacerdote es su rostro, y ella espera que él esté a la altura de sus expectativas. Con la Iglesia, que hoy profundiza en su naturaleza de Iglesia Sinodal, el sacerdote está llamado a ser el hombre de la escucha de sus feligreses, hombre de oración con ellos y por ellos, escuchando con ellos la Palabra de Dios y pidiendo, con ellos, las inspiraciones del Espíritu Santo para discernir juntos los signos de los tiempos y los pilares de la esperanza, y para anunciar el mensaje cristiano en las circunstancias actuales.


5. Con estos sentimientos, me postro con ustedes y con sus pastores, nuestros hermanos obispos, ante el Misterio Eucarístico, y celebro el aniversario de la institución de nuestro sacerdocio, que brota del amor del Corazón de Cristo, nuestro Señor, para que nuestro sacerdocio sea un intercambio de amor por amor y el comienzo de un amor permanente para todos.


Con mi amor, oraciones y bendición apostólica,

Bkerke, el 3 de abril de 2023,


✠ Cardenal Bechara Pedro Raí

Patriarca de Antioquía y de todo el Oriente.

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