SINAXARIÓN

DEL CALENDARIO LITÚRGICO MARONITA

c | Marzo 29

SAN CIRILO DE BAALBEK, DÍACONO Y MÁRTIR († 362)

San Cirilo de Baalbek (o Kyrollos al-Baalbaki) era diácono de la Iglesia de Heliópolis en el Líbano, por orden del rey Constantino el Grande.

Para aumentar sus celos por la fe cristiana, destruyó algunos de los ídolos de los paganos en su ciudad. Los paganos se enfurecieron contra él y lo odiaron, y comenzaron a esperar la oportunidad de vengarse de él y de los cristianos.

Alcanzaron su deseo cuando el rey Julián llegó al poder y comenzó a abusar de los cristianos, especialmente en Fenicia y Palestina. Entonces los paganos saltaron sobre el diácono Cirilio y lo mataron por «tonto».

Debido a la severidad de su venganza, cortaron su cuerpo en pedazos y le sacaron el hígado. Pero Dios se vengó de ellos por lo que Tedoroeto dijo en su historia (Historia, C3 Q3) sobre el martirio de este santo:

«Quien pueda contar la injusticia que sucedió en el Baalbak con Cirilio y no derramar sus lágrimas (...) Todos aquellos que cometieron ese terrible pecado, tienen los dientes rotos, los gusanos se comen la lengua y pierden la vista».

Su martirio fue el año 362 d.C.

Fuente: www.maronitas.org

Otros Santos para hoy

SAN MARCOS, OBISPO DE ARTHIOSIA o ARETUSA († 364)

San Marcos de Aretusa (actual Er Rastan, en Siria)

Durante el reinado del emperador Constantino, Marco de Aretusa demolió un templo pagano y construyó una iglesia, convirtiendo a muchos a la fe cristiana. Al hacer esto, se granjeó el resentimiento de la población pagana, que, sin embargo, no pudo vengarse mientras el emperador fuera cristiano. Su oportunidad llegó cuando Juliano el Apóstata ocupó el trono y proclamó que todos aquellos que hubieran destruido templos paganos deberían reconstruirlos o pagar una fuerte multa. Marco, que no podía ni quería obedecer, huyó de la furia de sus enemigos, pero enterándose de que algunos de sus fieles habían sido aprehendidos, regresó y se entregó. El anciano fue arrastrado por los cabellos a lo largo de las calles, desnudado, azotado, arrojado en una sentina de la ciudad y después entregado al arbitrio de jóvenes escolares para que lo punzaran y desollaran con agudos estiletes. Ataron sus piernas con correas tan apretadas, que le cortaron la carne hasta el hueso, y le arrancaron las orejas con pequeños cordeles. Finalmente, lo untaron de miel y encerrándolo en una especie de jaula, lo suspendieron en alto al medio día, bajo los ardientes rayos del sol de verano, para que fuera presa de las avispas y moscones. Conservó tanta calma en medio de sus sufrimientos, que se mofó de sus verdugos por haberlo elevado más cerca del cielo, mientras ellos se arrastraban sobre la tierra.

A la larga, la furia del pueblo se tornó en admiración y lo dejaron en libertad, en tanto que el gobernador acudía a Juliano para recabar su perdón. Eventualmente, el emperador lo concedió, diciendo que no era su deseo dar mártires a los cristianos. Aún el retórico pagano, Libanio, parece haberse dado cuenta de que la crueldad que provocó tal heroísmo solamente fortaleció la causa cristiana, e imploró a los perseguidores que desistieran en su persecución. Nos cuenta el historiador Sócrates que la población de Aretusa quedó tan impresionada con la fortaleza del obispo, que muchos pidieron ser instruidos en una religión capaz de inspirar tal firmeza, y que muchos de ellos abrazaron el cristianismo. Así, Marco fue dejado en paz hasta el fin de su vida y murió durante el reinado de Joviano o el de Valente. San Gregorio Nazianceno, Teodoreto y Sozomeno le rinden homenaje al relatar sus sufrimientos.

Ver el Acta Sanctorum, marzo, vol. III, y Delehaye, Synax. Constant., pp. 565-568.

Fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI