k | Noviembre 05

San Assia, el taumaturgo

El calendario maronita nos recuerda hoy a San Assia.
Assia es una palabra siríaca que significa médico.
Era del la región de Alepo, de una familia noble. Se hizo monje
en el monte Sinaí al final de la cuarta generación y llegó
a las cercanías de Antioquía, donde construyó un monasterio
en el que se reunieron un gran número de monjes. Assia
estaba interesado en gestionarlos. Dios le concedió hacer
milagros, por eso se le llamó milagroso o taumaturgo. Que Dios nos
conceda su intercesión. Amín.

También se le conoce con el nombre "Bandeelaymoon" (de "Pantaleon") una palabra griega, que significa "Toda la Compasión", pero en siríaco se usa más el nombre de Assia, como hemos señalado, puesto que obraba muchos milagros físicos y era considerado un verdadero "médico".

Este santo nació en la ciudad de Nicomedia (en la actual Turquía), entonces la capital del área de Bitinia dentro del Imperio Romano de Oriente. Eustorgius, su padre era un eminente pagano.
Su madre, Eubula, era una cristiana de carácter puro, que crió a su hijo, desde sus años más tiernos, según los principios cristianos para una vida sana. Sin embargo, ella murió cuando él era joven, y su padre pagano se preocupó por darle una buena pero no una educación cristiana.

Graduado en medicina con distinción, como alumno del célebre doctor Eufrosino, Assia adquirió gran fama como médico, y fue nombrado asistente personal del emperador Galerio (reinó del 293 al 311).

Galerio se encariñó con él debido a su destreza en la medicina, su inteligencia y su buen carácter. Pero Assia había olvidado lo que su madre le había enseñado en su infancia, hasta que conoció al santo sacerdote Hermolaus, quien, viendo en Assia una buena persona, le abrió la fe viva, y la necesidad que tenemos de la salvación de Dios, no sólo del cuerpo sino también del alma. Assia le reveló a Hermolaus que su madre había sido cristiana, pero que no podía recordar sus instrucciones, ya que había dedicado toda su atención a sus estudios, especialmente a la medicina. El anciano sacerdote le describió a Jesús como el Médico Todopoderoso, que podía curar a toda la persona, cuerpo y alma, incluso de las enfermedades más refractarias.

El asunto ocupaba su mente. Una vez, cuando Assia regresaba a casa después de haber estado con su maestro Eufrosino, se encontró con un niño que había sido mordido fatalmente por una serpiente. Assia recordó las enseñanzas del sacerdote Hermolaus, y rezó a Cristo para que reviviera al muchacho y matara a la serpiente. Se hizo inmediatamente como había rezado, y corrió de inmediato al padre Hermolaus, buscando ser bautizado sin demora. Cuando le contó a su padre lo que le había pasado, su padre estaba inicialmente angustiado. Eventualmente, sin embargo, fue conquistado por la bondad de Assia y la fuerza de su fe. Cuando murió, Eustorgius dejó todas sus posesiones a su hijo. Sin embargo, Assia renunció a ellas, vendió sus bienes y les dio todo lo que tenía a los pobres. Donaba sus servicios para curar a los pobres, para rezar y hacer penitencia por sus pecados. La gente acudía a él en multitudes, entre ellos un niño con su padre. El chico había buscado una cura para sus ojos, pero el tratamiento de los médicos le había hecho perder la vista por completo. Assia, cuando comprendió esto, rezó a Cristo, y la vista del niño fue restaurada.

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