EFREN DE NISIBE, SAN.

Por: Alberto Meouchi

San Efrén de Nísibe (ca. 306-373), también conocido como San Efrén de Siria, es el más importante teólogo-poeta de la literatura siríaca primitiva de la tradición cristiana. El papa Benedicto XV († 1922) lo declaró “Doctor de la Iglesia” en la encíclica Principi Apostolorum Petro (5 de octubre de 1920): “habiendo invocado al Espíritu Santo, por Nuestra Suprema Autoridad, Nos conferimos a San Efrén de Siria, Diácono de Edesa, el título y los honores de Doctor de la Iglesia Universal” (PA 22).

Hijo de padres cristianos, su lugar de nacimiento puedo haber sido Nísibe (actualmente Nusaybin, en la provincia de Mardin, en el sudeste de Turquía) o en Edesa (actual Urfa o Sanliurfa, en Anatolia Suroriental, en Turquía). Por su humildad siempre se consideró indigno del don del sacerdocio, por lo que rechazó ser ordenado presbítero, pero no pudo negarse a ser ordenado diácono por manos del obispo Santiago de Nísibe –conocido también como Santiago Magno (270-341), quien había sido su maestro y tutor. Santiguo de Nísibe participó en el concilio de Nicea (321), y san Efrén afirmaba que había sido él quien creo la comunidad niceana de Nísibe.

San Efrén fue miembro de los ܒܢܰܝ̈ ܘܒ̈ܢܳܬ݂ ܩܝܳܡܳܐ (bnay wa-bnoth qyomo, “los hijos e hijas de la alianza”), una institución cuyos miembros consagraban sus vidas con votos ascéticos para vivir en unión con Dios; estos consagrados eran como el corazón de la iglesia siro-antioquena por su piedad y devoción heroica. Además, san Efrén llegó a ser el alma motor de la Escuela de Nisibe, fundada por Santiago Magno, gracias a sus numerosos ܡܰܕܪܳܫ̈ܶܐ (madrāšē / sing. ܡܰܕܪܳܫܳܐ madrosho: “escritos doctrinales y exegéticos en forma de himnos”) que escribió.

Una atrevida innovación para su época que introdujo san Efrén en la iglesia, fue la del coro litúrgico de mujeres, a quienes les encomendaba la tarea de cantar sus ܡܰܕܪܳܫ̈ܶܐ (madrāšē) como medio eclesial oficial para propagar la fe verdadera.

Al igual que otros grandes santos de la época, como Afraates (ca. 270-ca. 345), tuvo que mediar entre las arraigadas tradiciones cristianas de su región y las nuevas corrientes teológicas que iban surgiendo, como fueron el arrianismo, el nestorianismo, el maniqueísmo, el bardeanismo, y el marcionismo, y otras más corrientes que la iglesia católica condenó como heréticas; así como lidiar con los nuevos problemas políticos que acechaban en su región, como la derrota de Jovian, en el 363, con los romanos, que obligó a ceder Nisibe a los sasánidas, y que ocasionó la emigración de los cristianos de Nisibe.
Después de verse obligado a abandonar Nisibe –y quizá con una breve estancia en Amida, actual Diyarbakýr, junto al río Tigris–, san Efrén continuó su labor pastoral y teológica en Edesa donde murió el 9 de junio del 373.

El papa Benedicto XV se refiere a san Efrén como “un espléndido ejemplo de santidad, erudición, y amor paternal para imitar y cultivar diligentemente […] Gregorio de Nisa lo comparó con el río Eufrates porque «irrigó con sus aguas la comunidad cristiana para cosechar frutos de fe por cientos»” (PA 4).
San Efrén, hijo y co-creador de la literatura siríaca primitiva, fue producto de una tradición cristiana oriental centrada en la gran Mesopotamia. En efecto, los primeros escritores siríacos, como él, prefirieron, en contraste con la estructura filosófica griega, enseñar teología mediante la poesía –una forma más desaliñada pero rica en simbolismos (Griffin, 2010).

El gran san Jerónimo (347-420), en su libro De viris illustribus (ca. 392) en su capitulo 115 expresa su admiración por san Efrén con palabras muy elocuentes: “su fama se ha divulgado tanto entre los griegos que, en algunas iglesias, leen sus escritos en público después de recitar la Sagrada Escritura. Yo mismo he leído la traducción de un libro suyo sobre el Espíritu Santo y he podido comprobar que es una obra maestra”.

Por sus escritos y santidad de vida es considerado el representante por excelencia de la tradición cristiana de lengua arameo (siríaca), fama que le llegó incluso antes de las grandes divisiones que se suscitaron en la iglesia de Antioquía. Su prestigio doctrinal y poético, y su elegancia teológica y literaria, le mereció el apelativo de “Arpa del Espíritu Santo” y el de “el Místico”.

San Efrén se dio a conocer en occidente en el siglo XV gracias a las traducciones (del griego) realizadas por el beato Ambrosio Traversari (1386-1439). Entre 1589 y 1598 Gerard Vossius (1577-1649) publicó un gran número de otras traducciones (del griego), mientras que Edward Thwaithes (1677-1711) publicó la primera edición (1709) de textos atribuidos a san Efrén. Pero fue hasta 1737 cuando san Efrén se dio a conocer como autor de textos siríacos (no griegos) por el laborioso trabajo que realizó el erudito maronita José Simón Assemani (1687-1768) al publicar su Sancti Patris Nostri Ephraem Syri Opera Omnia (tres tomos de textos siríacos [tomo I en 1737, tomo II en 1740, tomo III en 1743], y tres de textos griegos [tomo I en 1732, tomo II en 1743, tomo III en 1746]). Después aparecieron cuatro tomos en armenio, editados por los los Mekhitaristas de Venecia en 1836 (Srboyn Efremi xorun suri matenagrut’iwnk ‘). A finales del siglo XIX se realizó la primera edición crítica de sus textos arameos (siríacos), en cuatro tomos, titulado Sancti Ephraem, Syri Hymni et Sermones (1882-1902) de Thomas Joseph Lamy, que complementó a la de J. S. Assemani de textos siríacos. La publicación crítica de las obras de san Efrén conservadas en el original arameo (1955-1979), realizada principalmente por el monje benedictino Edmund Beck y casi todas publicadas en el Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium (CSCO), dio una base textual muy confiable para el estudio de su obra y ha permitido un número, cada vez mayor, de traducciones, incluidas las de español.

Por ser un autor antiguo relativamente recién descubierto, el estudio de su trabajo se encuentra actualmente en pleno desarrollo. Su estilo ofrece un encanto particular a nuestra sociedad actual (tan saturada de tecnología y sistemática) por su peculiar manera poético-simbólico de expresarse. Interesantes obras, como por ejemplo La pensée symbolique de saint Éphrem le Syrien (1988) de Tanios Bou Mansour o los ensayos de Phil Botha (1988 hasta hoy), nos permiten acercarnos mucho más al corazón del pensamiento simbólico de san Efrén.

En cuanto a su obra, por el estado actual de la investigación, es imposible establecer una cronología de las obras de Efrén, y es preferible clasificarlas de acuerdo con sus géneros literarios: a) el género de las homilías métricas (en arameo: ܡܶܐܡ̈ܪܶܐ memrē del sing. ܡܶܐܡܪܳܐ, memro), b) el género de los himnos (en arameo: ܡܰܕܪܳܫ̈ܶܐ madrāšē del sing. ܡܰܕܪܳܫܳܐ madrosho), y c) el género de los comentarios en prosa (en arameo: ܬܽܘܪܓܳܡ̈ܶܐ turgome del sing. ܬܽܘܪܓܳܡܳܐ turgomo).

En cuanto a su autoría, aunque se le atribuyen a san Efrén numerosos ܬܽܘܪܓܳܡ̈ܶܐ (turgome) sólo los comentarios sobre el Génesis y sobre el Éxodo se consideran auténticos, mientras que el comentario al Diatesaron –publicado por sus discípulos–, las traducciones armenias sobre los Hechos de los Apóstoles, y las cartas de san Pablo, u otros comentarios en prosa –como las Refutaciones en Prosa– pueden atribuírsele con reserva. En cuanto a la atribución de sus ܡܶܐܡ̈ܪܶܐ (memre) se pueden mencionar los discursos sobre la fe –sobre temas cristológicos–, sobre la Bendición de la Mesa –que se refiere a la Eucaristía–, y los discursos sobre Nicomedia –interpretación teológica del terremoto del 358 en Nicomedia, y presentes únicamente en la traducción armenia–, básicamente. La parte principal de la obra de san Efrén está en sus cientos de ܡܰܕܪܳܫ̈ܶܐ (madrāšē) recolectados en sus quince colecciones. Son composiciones estroféticas de gran calidad poética son las que nos ofrecen el origen de un rico conocimiento de su pensamiento teológico. Sus Himnos de Nisibe contiene materiales muy diferentes –21 a su estancia en Nisibe y 56 a su período en Edesa, y tratan diversos temas–; en sus Himnos contra las Doctrinas Erróneas hace una comparación con el mundo religioso, particularmente heterogéneo, de la Siria romana; sus Himnos contra Juliano contiene reflexiones sobre la experiencia vivida por los cristianos bajo Juliano el Apóstata (361-366); en sus hermosos Himnos sobre Navidad, sobre Epifanía, sobre la Eucaristía, sobre la Crucifixión y sobre la Resurrección, e incluso sus Himnos sobre la Salvación, refleja la vida litúrgica de su comunidad; otras colecciones –como los Himnos sobre la Iglesia o los Himnos sobre la Virgen o los himnos de la traducción armenia– tratan sobre una amplia variedad de temas, aunque sus títulos no muestren su riqueza temática. La principal obra poética de san Efrén es, sin duda, sus Himnos sobre el Paraíso –que incluye 15 ܡܰܕܪܳܫ̈ܶܐ (madrāšē)– y es como una gran compendio que representa no solo su interpretación de los capítulos 2 y 3 del libro del Génesis, sino que también resume su dimensión protológica, historia-eclesiológica y escatológica de su teología simbólica; y sus Himnos sobre la Fe –recopilación de varios de sus ܡܰܕܪܳܫ̈ܶܐ (madrāšē)– se ocupa exclusivamente de la actitud intelectual y moral de sus contemporáneos neo-arrianos. Ya durante su vida algunas de sus obras se tradujeron al griego. Se puede decir, entonces, que, gracias a estas traducciones –en todas las lenguas cristianas de la antigüedad– solo san Juan Crisóstomo supera a san Efrén; sin embargo, una gran parte de estas obras, hasta ahora poco estudiadas, parecen ser espurias y/o presentan problemas casi insolubles de crítica textual y literaria. (Biesen, 2007).

Como se mencionó anteriormente, san Efrén es un autor poético y, por tanto, habla con el corazón para llegar al corazón y, desde el corazón, a la razón, por lo que se debe visualizar la importancia fundamental del arte en su lenguaje, con sus múltiples estratégicas retóricas, para apreciar la inteligencia y la visión cristiana que nos ofrece. Esta excepcional cualidad poética de san Efrén ha tenido, sin embargo, un alto costo, por el hecho de que los estudios patrísticos, muy a menudo, se limitan a un enfoque analítico descriptivo de los textos como documentos históricos y, no logran profundizar en su contenido doctrinal expresado con la creatividad de una inspiración llena de emociones, de simbolismos y de lenguaje retórico-poético. Por eso, se ha dicho que, para estudiar a san Efrén, es necesario estar capacitados para “pensar en símbolos” (Bou Mansour, 1988), es decir, guiarse “por los movimientos cognoscitivos desarrollados en la misma estructura simbólica de la realidad que vivimos” (Biesen, 2007). En efecto, san Efrén concibe la teología como un todo único formado de relaciones analógicas con todas las realidades de la creación y su Creador. Su pensamiento analógico le permite expresar, con un medio lingüístico e intelectual muy peculiar y poético a su vez, su teología. De ahí que se encuentra tapizado de un estilo apofático, con el cual puede, por vía de la negación partiendo de la afirmación (catafático) y cribado por la analogía, llegar a sublimes realidades a través de “la percepción” del misterio (Bou Mansour, 1988). Para san Efrén, el pensamiento simbólico es la esencia de la teología cristiana, y, al mismo tiempo, del auténtico pensamiento humano. Así, para él, la dimensión vertical (u ontológica) representa el simbolismo natural, mientras que la dimensión horizontal (o histórica) representa el simbolismo tipológico. Y por Cristo, en Cristo y con Cristo – lo divino se humaniza, lo eterno entra en el tiempo– san Efrén descubre una tercera dimensión: la dimensión de los Misterios (iniciática y sacramental), cuya fuente es la liturgia. La liturgia es, para san Efrén, el manantial de su arte retórico-intelectual, donde su poesía se fusiona en oración para la gloria de Dios, unida al resto de la artes que la arropan: música, iconografía, arquitectura, etc. Por tanto, como expresa Biensen “los escritos de Efrén expresan una teología cristiana hecha de doctrina, exégesis, retórica, poesía y espiritualidad, que están totalmente inmersos en un mundo litúrgico que extrae sus elementos constitutivos de las artes, del tejido literario de la Biblia y del contenido arquetípico del inconsciente humano”.

Para la tradición maronita san Efrén es, sin duda, un gran inspirador y un referente ineludible en su liturgia. La vida de oración de la Iglesia Maronita ve, en san Efrén no solo a un gran doctor de la Iglesia por su recta doctrina, sino además a un modelo de santidad, de devoción mariana, y de amor a Dios y al prójimo, y la Eucaristía.

Bibliografía:

BIESEN, KEES DIEN, «Efrem il Siro»en BERARDINO, A. di, FEDALTO, G., y SIMONETTI, M. (eds), Letteratura patristica (Dizionari San Paolo), Cinisello Balsamo: Edizioni San Paolo, 2007, 469-474; BENEDICTO XV, Carta Encíclica Principi Apostolorum, sobre la proclamación de Doctor de la Iglesia de San Efrén Sirio, monje de Edesa, Vaticano: 5 de octubre1920; GRIFFIN, Carl W., Cyrillona: “A Critical Study and Commentary”, Gorgias Eastern Christian Studies, USA: Gorgias Press, 2016; JEROME, St., De Viris Illustribus (On Illustrious Men), USA: Create Space Independent Publishing Platform, 2015; BOU MANSOUR, TANIOS, La pensée symbolique de Saint Éphrem le Syrien, Kaslik: Bibliothèque de l’Université Saint-Esprit, 1988. En la siguiente página en línea se puede encontrar una breve guía de las principales ediciones y traducciones sobre san Efrén: ST. EPHREM: A BRIEF GUIDE TO THE MAIN EDITIONS AND TRANSLATIONS: http://syri.ac/brock/ephrem (recuperado en 2019).

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Cómo Citar:

MEOUCHI, Alberto. Diccionario Enciclopedico Maronita. Chihuahua, Mexico: iCharbel.editorial (2019). Sitio web: https://www.maronitas.org


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