MARON, SAN.

Por: Alberto Meouchi

San Marón fue un monje anacoreta del siglo IV de la Siria Segunda del que se tiene poca, aunque muy sólida, información biográfica, y cuya vida tuvo tal impacto que le dio el nombre a una de las iglesias sui iuris en la Iglesia Católica. En efecto, la única iglesia sui iuris que lleva el nombre de un santo es la Iglesia Maronita, el resto toman su nombre o por la lengua litúrgica que utilizan (v.gr.: Iglesia Latina, Iglesia Copta, etc.) o por el lugar o característica por la que se configuraron (v.gr. Iglesia Ucraniana, Iglesia Caldea, Iglesia Melquita etc.).

Su existencia histórica está atestiguada por san Teodoreto de Ciro (ca. 383 - ca. 458 [o 466]) en el capítulo XVI de su libro Historia Religiosa o Historia de los Monjes (ca. del año 444), y en los capítulos en donde trata sobre algunos discípulos de san Marón: san Jacobo (cap. XXI) santos Talasio y Limmeo (cap. XXII), santas Marana y Cira (cap. XXIX), y santa Dominina ( cap. XXX).

Por ser el capítulo XVI el texto con mayor contenido biográfico –que hasta la fecha se conoce– lo transcribimos, a continuación, en largas citas tomadas de la traducción realizada por Ramón Teja (2008), describiéndolas con epígrafes nuestros:

1. Se le considera un santo: “Uniré a su memoria (i.e. junto a la de otros santos que expone en su libro de Historia Religiosa) a Marón porque embelleció también el coro divino de los santos”.

2. Fue un hipetra, es decir, un monje que optó por vivir “al aire libre” como gesto penitencial. Incluso se le considera el fundador de este estilo vida monacal: “Habiendo decidido vivir como hipetra, se retiró a una cumbre, venerada en otro tiempo por los paganos, y consagró a Dios aquel lugar santo que antes poseían lo demonios. Vivió allí y sólo rara vez hacía uso de una pequeña tienda que se había construido”.

3. Hacía duras penitencias y mortificaciones: “Practicaba no sólo penitencias habituales, sino que añadió otras incrementando así las riquezas de la filosofía” (Teodoreto utiliza la palabra “filosofía” para describir la vida ascética de la vida los monjes).

4. Era un taumaturgo en vida, tenía el don de sanación: “El gran Agonoteta (así le llama Teodoreto a Nuestro Señor Jesucristo) le concedió una gracia proporcional a su disciplina. Fue así como, por la generosidad de su magnificencia, disfrutó del don de las curaciones, por lo que su fama se difundió por doquier y de todas partes venían personas a visitarle, y él atestiguaba con los hechos lo bien fundado de su popularidad. Se podía ver cómo se extinguía el calor de la fiebre bajo el rocío de la bendición, desaparecer los temblores, poner en fuga los demonios y curar todas las enfermedades, incluso las más variadas, con un único remedio. Los médicos a cada enfermedad aplican un remedio apropiado, pero la plegaria de los santos vale para todas las enfermedades. No solo curaba los cuerpos enfermos, sino también proporcionaba a las almas las curas más eficaces: a uno le reprimí la avaricia; a éste le instruía en la castidad, a aquel otro en la justicia; en uno castigaba la incontinencia, en otra la indolencia”.

5. Contagiaba la santidad: “Mediante la práctica de este tipo de agricultura (i.e. dirección espiritual) hizo brotar numerosas plantas de la filosofía y fue él quien plantó el jardín que hoy florece en la región de Ciro”.

6. Fue un buen apóstol que dejó santos discípulos: “Un producto de su plantación es el gran Jacobo (a quien le dedicó Teodoreto el capítulo XXI en su libro), un hombre al que bien se pueden aplicar estas palabras del Profeta: «El justo florecerá cual palma, crecerá cual cedro en el Líbano» (cf. Sal 91 [92]). Lo son también todos los demás que, con la ayuda de Dios, recordaré de una manera particular (lo hará en lo capítulos XXII, XIX y XXX)”.

7. Falleció de muerte natural: “Después de haberse dedicado a la agricultura divina y haber curado las almas al tiempo que los cuerpos, sufrió una breve enfermedad que puso de manifiesto la debilidad de su físico y la fuerza de su voluntad, y abandonó la vida”. No menciona el año ni el día ni el lugar.

8. Funeral y Sepultura: Después de fallecido “se entabló entre las gentes vecinas una violenta batalla por la posesión de su cuerpo. Los habitantes de una aldea vecina muy poblada acudieron en masa, pusieron en fuga a los otros y se apoderaron de aquel tesoro tan ambicionado”.

9. Devoción: “Después le levantaron una gran tumba y, desde entonces hasta hoy, recogen su frutos honrando al vencedor con una fiesta pública. En cuanto a nosotros, recogemos el fruto de su bendición, a pesar de nuestra lejanía, y, a falta de tumba, guardamos su recuerdo y esto nos basta”.

En la región de Maro (معرة, ma’rat) en la provincia de Apamena, cuya capital era Apamea, fue donde san Marón comenzó su vida ascética. De ahí se marchó, según refiere el patriarca Esteban Douaihi († 1704) al Monte Ol-Yamos (también llamado Monte Nabo o Monte Yambo) al sur de la región de Ciro (región llamada también Qorush o Cirrus), concretamente en la aldea de Kfar-Nabo (o Kefar Yambo), al noroeste del monte Simón. En este lugar estaba el templo pagano dedicado al dios asirio Nebo que transformó san Marón en un templo cristiano. Actualmente es la provincia meridional de Cilicia. En la época de san Marón “constituía un valladar entre la Antioquía Marítima y la provincia desértica siria de Osrohene –al que G. Tachelenko (cf. Villages Antiques de la Syrie du Nord, Le Massif du Bélus á l’Époque Romaine, 3 vols., París, 1953-1958) llama el «Macizo de Tiza de Belus»” (Tayah, 1999).

La ciudad más probable en donde fue sepultado fue la ciudad Brad, también conocida como Kapro Barad (aquí fue donde se construyó la tumba –y templo– en su honor que menciona san Teodoreto).

Según el historiador Al-Mas’udi († 956), al este de Chizar (شيزر, chaizar), ciudad también conocida como Larissa o la Cesárea de Siria, entre Hama y Apamea se construyó un monasterio en su memoria, conocido como Monasterio de Beit Marón (ca. 452). Este monasterio fue un férreo defensor del concilio de Calcedonia (451), y a sus monjes y seguidores se les impuso el sobrenombre de “maronitas”, de donde surgió, como ya hemos mencionado, el nombre de Iglesia Maronita. Como se puede apreciar san Marón nunca tuvo la intención de fundar alguna institución, pero fue tal su santidad que dio nombre a una comunidad; por lo que se le conoce en forma metafórica, como padre y fundador de la Iglesia Maronita.

La fecha y lugar de nacimiento son inciertas. Se piensa que nació en Siria Salutaris o Siria Segunda, cerca de Antioquía en la región de Ciro alrededor del año 350. La fecha de su muerte también es incierta, ordinariamente se ubica cerca del año 410, pero en algunas raras fuentes modernas la ubican cerca del año 443 (aunque esta último poco probable, si consideramos la redacción del capitulo XVI de Historia Religiosa o Historia de los Monjes).

Según la tradición, su cráneo y otras reliquias de san Marón fueron transferidas de la tumba construida en la ciudad de Brad al Monasterio de Beit Marón en Apamea a finales el siglo VI. A principios del siglo VII su cráneo fue llevado al monasterio de san Marón en Kfarhai (Batroun, Líbano), pues el patriarca Douaihi menciona que “cuando Juan Marón se estableció en Kfarhai, construyó un monasterio dedicado a san Marón y, en el altar hizo colocar el cráneo de san Marón para curar a los fieles. Es por eso que el monasterio se llama ܪܺܝܫ ܡܰܪܘܽܢ (rish marún) que significa «cabeza de Marón»” (cf. Duwayhi, I. 1983 T'arikh al-Azmina, ed., Fahd, B., Beirut, Lebanon). Desde allí, en donde recibió un culto ferviente, pasaron su cráneo, a finales del siglo XII, a Italia, al convento benedictino de Foligno (Umbría). Algunos fragmentos fueron devueltos en 1887 al patriarcado maronita (Khoury-Harb, 1985).

Conviene mencionar la siguiente cita: “Con respecto a las reliquias de san Marón, Jacobilli (i.e. Jacobilli, Luigi. Vite de' Santi e Beati dell'Umbria, l. II, Foligno, 1656) afirma que el cráneo del Santo ahora se conserva en Foligno después de ser transferido tres veces. La primera transferencia fue en 1130, cuando el abad Miguel de la Cruz de Sassovivo, en una peregrinación a Tierra Santa, trajo el cráneo del honrado Santo de un monasterio maronita en Siria. Poco tiempo después, y a pedido del mismo abad, el cráneo fue trasladado de Sassovivo a una iglesia erigida en honor del Santo en un pueblo cercano de Volperino. La tercera transferencia fue en 1490 cuando la reliquia del Santo fue trasladada de Volperino a la Catedral de Foligno, donde fue colocada en una estatua de plata. La autenticidad de la primera transferencia [de Siria a Sassovivo] se registra en el Chronicon Monasterii S. Crucis Saxivivi, las otras dos transferencias se anotan en el archivo de la Iglesia en Volperino y el Ayuntamiento de Foligno” (Hourani, 2002).

La reputación de santidad que tuvo san Marón alcanzó impacto en el corazón de san Juan Crisóstomo, quien nos ofrece otro testimonio histórico del santo, al dejar escrita una breve carta que le dirigió desde su exilio en Cucusus en Capadocia de Armenia Segunda en la península de Crimea (actualmente, ciudad de Göksun, Kahramanmaraş, en Turquía) en el año 405. En el texto, escrito en griego y que hasta la fecha se conserva le dice: “Fuertes lazos de afecto y de bondad me atan a ti, y puedo verte como si estuvieras aquí presente a mi lado. Porque tal es la visión del amor que nada puede debilitarla: ni la distancia del camino, ni el desvanecimiento del tiempo. Me gustaría escribirte más seguido, mi piadoso Señor, pero no me es fácil ni posible por todos los obstáculos del camino y la falta de viajeros por acá (i.e. en el exilio). Sin embargo, te mando saludos, oh Beatitud, siempre que se me presenta la oportunidad de hacerlo, y quiero que sepas que nunca te olvidaré, y, además de tener en mi memoria, siempre te llevaré en mi corazón, donde sea que yo esté. Te suplico tu amabilidad para que me informes cómo te encuentras de salud, tan frecuente como te sea posible, de modo que al saber de ti, aunque separados físicamente, reciba yo un gran consuelo incluso en medio de mi soledad. Es una verdadera delicia para mí cada vez que recibo noticias de todo el bien que estás haciendo. Te pido, sobretodo, que seas tan amable de rezar a Dios por mí” (Juan Crisóstomo en Patrologiae Graecae, vol. 51.3, 1862, epís. 36, col. 630).

La fiesta litúrgica de san Marón es el 9 de febrero. El papa Benedicto XIV (fl. 1740-1758) concedió indulgencia plenaria, con las debidas disposiciones, a todo fiel que, en ese día, visite un iglesia o monasterio maronita (Tayah, 1999).

El 23 de febrero de 2011, Su Santidad Benedicto XVI (fl. 2005-2013) junto con Su Beatitud Nasrallah Pedro card. Sfeir (fl. 1986-2011) bendijo una escultura de san Marón de 5.40 metros de altura, hecha de mármol de carrara y colocada en la última hornacina externa disponible de la parte posterior de la basílica de San Pedro del Vaticano, diseñada por el monje maronita Abdo Badwi, o.l.m. (n. en Mazraat Yachouh en 1948) y esculpida por el español Augusto Dueñas (n. en Córdoba en 1971).

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Resumen biográfico:

San Marón fue un monje anacoreta del siglo IV-V que nació probablemente en Apamea, en la Siria Segunda (o Siria Salutaris) cerca del año 350. Falleció en la región de Ciro (o Cirrus) en el Monte Nabo en la Siria Primera (o Siria Coele) cerca del año 410. Cuando dejó Apamea se trasladó a Monte Nabo para vivir como ermitaño a la intemperie como signo penitencia dando origen a la vida monástica de la Hipaítria (i.e. vida al aire libre). Tuvo fama de santidad en vida y poseyó el don de curación. Su cuerpo fue sepultado en ciudad Brad. En Cesarea de Siria (o Larissa) se construyó un monasterio en su honor, conocido como Beit Marón, cuyos monjes y seguidores serían llamados maronitas y que configurarían la actual Iglesia Maronita, una de la veinticuatro iglesias sui iuris de la Iglesia Católica. San Marón no fundó una iglesia o una orden monástica, ni dejó ninguna obra teológica o filosófica, pero su estela de santidad sigue alumbrando hasta hoy.

Bibliografía:

DIB, Pierre, «Maronite», en Dictionnaire de Théologie Catholique, tomo X (1928), col. 1-32; NAIRONUS, Faustus, Dissertatio de origine, nomine, ac religione maronite, Rome: 1679, 95-96; HOURANI, GUITA G., «Historica Documents: Saint Maron's Relic - “Ornament of the Divine Choir of Saints”», en The Journal of Maronite Studies (JMS), Vol. 1, No. 1, USA; Maronite Research Institute (MARI), January 1997; TAYAH AKEL, Wadih Boutros, Los Maronitas, raíces e identidad, México: Editorial Diana, 1999; TEODORETO de Ciro, Historia de los Monjes de Siria, introducción, traducción y notas de Ramón Teja, Madrid: editorial Trotta, 2008.

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Cómo Citar:

MEOUCHI, Alberto. Diccionario Enciclopedico Maronita. Chihuahua, Mexico: iCharbel.editorial (2019). Sitio web: https://www.maronitas.org


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