SINAXARIÓN

DEL CALENDARIO LITÚRGICO MARONITA

d | Abril 29

SANTA CATALINA DE SIENA († 1380)

“No se contenten con las pequeñas cosas. Dios las quiere grandes. ¡Si serán lo que deben ser, pondrán el fuego en toda Italia!”. Con estas palabras, según el usual estilo firmo e intransigente, pero siempre maternal, Catalina Benincasa invitaba a la radicalidad de la fe a uno de sus interlocutores epistolares. Es una exhortación que revela el deseo ardiente de la santa de irradiar el Evangelio en el mundo a través del testimonio convencido y creíble de hombres y mujeres convertidos por el anuncio del Resucitado: “Dotada de una fe invicta, podrás afrontar victoriosamente a tus adversarios”, le dirá Cristo en una visión del último día del carnaval del año 1367, en un episodio que los biógrafos recuerdan como las nupcias místicas de Catalina.

Determinada desde niña a casarse con Cristo

Había nacido veinte años antes, el 25 de marzo, en el barrio Fontebranda, siendo la 24ª hija de los veinticinco puestos en el mundo por el tintorero Jacopo Benincasa y Lapa di Puccio de’ Piacenti en una época caracterizada por fuertes tensiones en el entramado social. A la edad de sólo seis años, en un momento en que el papado tenía sede en Aviñón y los movimientos heréticos asechaban la vida de la Iglesia, la niña tuvo la aparición de Jesús vestido de Pontífice. Al año siguiente hizo voto de virginidad, madurando después el firme propósito de perseguir la perfección cristiana en la orden dominicana. Frente a la oposición de sus padres que la querían esposa, Catalina reacciono firmemente: a los 12 años se cortó el cabello y se puso el velo, encerrándose en casa. Entonces la familia le permitió, en el año 1363, que ingresara entre las Terciarias dominicas.

Mamá y maestra, punto de referencia espiritual para muchos

La santa aprendió a leer y a escribir. Y comenzó una intensa actividad caritativa hacia los últimos y – en una Europa lacerada por pestilencias, guerras, carestías y sufrimientos – se convirtió en un punto de referencia para los hombres de cultura y para los religiosos que, siendo asiduos frecuentadores de su celda, serán recordados como “caterinatos”, es decir sus hijos espirituales. Los más íntimos entre ellos la llamaban “mamá y maestra” y se hicieron transcriptores d sus tantas exhortaciones a las autoridades civiles y religiosas: exhortaciones y asunciones de responsabilidad, a veces reproches o invitaciones a la acción, expresados siempre con ternura y caridad. Entre los temas afrontados en sus misivas se destacan: la pacificación de Italia, la necesidad de la cruzada, la reforma de la Iglesia y el regreso del papado a Roma para el cual la santa fue determinante al viajar, en el año 1376, a Provenza para ver al Papa Gregorio XI.

El Papa, “dulce Cristo en la tierra” y su regreso a Roma

Catalina jamás tuvo miedo de volver a llamar al Sucesor de Pedro – a quien definía “dulce Cristo en la tierra” – a sus responsabilidades: reconoció sus faltas humanas, pero tuvo siempre gran reverencia por el vicario de Jesús en la tierra, así como de todos los sacerdotes. Después de la rebelión de una parte de los cardenales que dio inicio al cisma de Occidente, Urbano VI la llamó a Roma. Aquí la santa se enfermó y murió el 29 de abril de 1380, al igual que Jesús con sólo 33 años de edad. Las palabras del apóstol Pablo: “Ya no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mí”, se encarnan en la vida de Catalina que en el año 1375 recibió los estigmas incruentos reviviendo cada semana la Pasión, según relatan los testigos.

Pablo VI la proclama Doctora de la Iglesia

La pertenencia al Hijo de Dios, el coraje y la sabiduría infusa son características distintivas de una mujer única en la historia de la Iglesia, autora de textos como “El Diálogo de la Divina Providencia”, “Epistolario” y su recopilación de “Oraciones”. En virtud de su alta estatura espiritual y doctrinaria, Pablo VI la proclamó Doctora de la Iglesia en 1970. Enamorada de Jesucristo, Catalina escribía: “Nada atrae el corazón de un hombre ¡cuanto el amor! Por amor Dios lo ha creado, por amor su padre y su madre le han dado la propia sustancia, él mismo está hecho para amar”.

Fuente: VaticanNews

Otros Santos para hoy

SAN PEDRO CHANEL, SACERDOTE Y MÁRTIR DE OCEANIA († 1889)

Pedro (Pierre en francés) nació en Cuet, Francia, el 12 de julio de 1803. Sus padres, campesinos acomodados, lo bautizaron el 16 de julio, en memoria de la Santísima Virgen María del Carmen: la figura de María, de hecho, será una constante en su vida. Es sencillo y de buena educación. Será el párroco de Cras-sur-Reyssouze, el abad John Trompier, quien percibirá la inclinación de Pedro al sacerdocio y le sugerirá que entre a la escuela preparatoria del seminario abierta en su rectoría, donde fue recibido el 11 de noviembre de 1814. Durante su adolescencia, se apasionó por las cartas de los misioneros: su vocación a la misión maduraba en él. El día de la Confirmación eligió a Luis Gonzaga como su segundo santo patrón y decidió llamarse Pedro-Luis; sabiendo entonces que su madre lo había consagrado a la Virgen incluso antes de su nacimiento, añadió el nombre de María a sus dos nombres.

La misión: un sueño por cumplir

Cuando entra en el seminario, Pedro-Luis- María aprovecha muy bien el tiempo de sus estudios, pero las dudas e incertidumbres sobre su elección de vida no le dejan en paz; sin embargo, logró superarlas rezando, especialmente a la Virgen María. El 15 de julio de 1827 fue ordenado sacerdote y nombrado vicepárroco en Ambérieu, luego párroco en Crozet, pero el deseo de ir a la misión nunca lo ha abandonado. Dos veces le pidió a su obispo partir a la misión, pero le fue denegado el consentimiento. Mientras tanto, se acerca al Padre Jean-Claude Colin, quien junto con otros sacerdotes diocesanos fundan la Sociedad de María. Entre los objetivos de la nueva congregación religiosa también aparece la evangelización del mundo no cristiano. Pedro finalmente rencuentra allí su vínculo con María y el ideal de la misión. Se siente como en casa. Es entonces que decide convertirse en marista.

De Francia a Oceanía, el largo viaje hacia lo desconocido

En 1835 la Santa Sede pide a la diócesis de Lyon misioneros para Oceanía y también los maristas son invitados. Los religiosos aceptan partir, pero piden a la Santa Sede que antes que otra cosa, sea reconocida su congregación. La aprobación de la Sociedad de María llega el 29 de abril de 1836. Pedro, es uno de los designados para salir en misión y hace sus votos religiosos el 24 de septiembre, el día de Nuestra Señora de la Misericordia. Un mes más tarde, a la edad de 33 años, parte del puerto de Le Havre. Le llevó más de un año llegar al archipiélago de Hoorn y luego desemmarcar en la isla de Futuna con el fraile Delorme. Los dos se presentan entonces al soberano, el rey Niuliki, y él les ofrece hospitalidad en su propia casa. Desde el principio, Pedro se adapta a las costumbres de la isla y trata de aprender el idioma local. Un mes después de su llegada, el 8 de diciembre de 1837, celebra en secreto su primera misa en la cabaña construida por el rey para él y el hermano Delorme. Incapaz de esconderse por mucho tiempo, decidió invitar al rey y a sus familiares a la liturgia de Navidad de medianoche, describiéndola como una gran fiesta. La noticia del rito del Padre Chanel se extendió inmediatamente por toda la isla y muchos acudieron a la cabaña transformada en capilla para pedirle al misionero que la repitiera.

El primer mártir de Oceanía

A lo largo de varios meses, el Padre Chanel comienza a visitar los pueblos de la isla, acercándose a la gente, curando a los enfermos, cuidando a los ancianos y distinguiéndose por su dulzura y bondad. Después de dos años, ya se ha dado a conocer en toda la Isla de Futuna, muchos se interesan por la religión de la que habla y hay quienes le piden ser preparados para recibir el bautismo. La fama del religioso, sin embargo, molesta mucho al rey Niuliki que teme debilitar su autoridad, por lo que comienza a obstruir su ministerio para inducirlo a abandonar la isla. El rey procura en diversos modos que Pedro sea insultado, acosado y robado, le restruinge las provisiones de sus alimentos y persigue a los catecúmenos. No obstante esta dura persecución, Pedro mantiene su paciencia y humildad. No se desanima.

La situaciòn sin embargo empeora cada vez más pues el rey, al enterarse de la conversión de su primogénito, el príncipe Meitala, se exaspera y consulta a su familia decidiendo hacer morir al padre Chanel. Confia la ejecución a su yerno Musumusu y el 28 de abril de 1841 el misionero es masacrado, convirtiéndose así en el primer mártir de Oceanía. El soberano estaba convencido de que con tal vil acción habría erradicado la nueva religión, pero al año siguiente llegaron otros misioneros a Futuna; luego se construyó una pequeña iglesia en el lugar del martirio y en 1844 ya todos los habitantes de la isla eran cristianos. El 17 de noviembre de 1889.

León XII declaró Beato al P. Pedro Chanel y el 12 de junio Pío XII lo proclamó santo con el título de proto-mártir y patrón de Oceanía.

Fuente: VaticanNews