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SINAXARIÓN

DEL CALENDARIO LITÚRGICO MARONITA

e | Mayo 05

Santos

SANTA IRENE, VIRGEN Y MÁRTIR (s. I)

san dimas el buen ladrón

Irene era hija de un príncipe pagano llamado Licinio.

Como ella era muy hermosa, su padre temía por ella, por lo que la colocó en una fortaleza fortificada, y colocó algunas esclavas para protegerla, y puso estatuas paganas con ella para adorarla.

Sin embargo, la gracia del Espíritu Santo es demasiado fuerte para oponerse a ella. Entonces una esclava cristiana que la cuidaba comenzó a enseñarle las reglas de la religión y le descubrió que Cristo fue quien salvó al mundo con su Cruz y difundió el amor y la paz con su sagrado Evangelio.

Se cuenta que el apóstol Timoteo, discípulo del apóstol Pablo, él mismo la llamó y entró en la fortaleza y la bautizó.

Cuando su padre se enteró de esto, se volvió loco y se acercó a ella enojado, pero ella lo recibió con un amor y un alma tranquila. Él comenzó a halagarla y a invitarla a apostatar de su nueva religión. Sin embargo, un animal (quizá un araña) atacó a su padre Licino, matándolo. Así que esa hija justa se arrodilló frente al cuerpo de su padre derramando lágrimas y suplicando a su Divino Novio, el Señor de la vida y la muerte, que no permitiera que muriese. El Señor respondió a su pedido y levantó a su padre de entre los muertos. En este deslumbrante milagro creyeron Licinio, su esposa y todos los que le pertenecían.

Así, el cristianismo se difundió mucho en esas zonas y Jesús eligió a Irene entre sus vírgenes y mártires.

Cuando el gobernador romano Emiliano se enteró de su fe, la arrestó y probó su sufrimiento, y al verla firme en su fe, ordenó que le cortaran la cabeza, y ella obtuvo la corona del martirio en el primer siglo de Cristo. El rey Constantino y su sucesor Justiniano construyeron lujosas iglesias en su nombre en Constantinopla.

Fuente: www.maronitas.org

Otros Santos para hoy

SAN NUNCIO SULPRICIO, JÓVEN OBRERO DE NÁPOLES († 1836)

san dimas el buen ladrón

1. "Estad siempre con el Señor, porque todo lo bueno viene de Él. Sufrid por amor de Dios y con alegría".

Hay pocos años de serenidad en la breve vida de este santo. Nuncio nació en Abruzzo y a los seis años ya era huérfano de padre y madre. Confiado a su querida abuela materna, con ella aprendió a ir a misa y a conocer a Jesús, madurando dentro de sí un fuerte deseo de hacerse cada vez más semejante a él. A los nueve años, su abuela murió y el tío que deberìa haberlo protegido, en cambio lo forzó a trabajar en su herrería, muy poco apta para un niño de esa edad. Fue allí donde la vida de Nuncio comenzó a seguir y a imitar el doloroso camino de Jesús hacia la cruz.

2. Trabajador muy joven, huérfano y explotado

Cargas pesadas que llevar, largas distancias que recorrer a pie con sol, lluvia, viento o nieve, pero sobre todo con la misma ropa en cada estación. Nuncio, sin embargo, no se quejaba: pensaba en Jesús y comenzaba a ofrecer sus fatigas para colaborar en la redención de los pecados del mundo y, (como se decìa entonces,) "ganar el paraíso". Un día, sin embargo, una herida en su pie se gangrenó. Su tío no tuvo ninguna compasiòn ni tampoco los aldeanos, que le prohibieron usar la fuente del pueblito para curarse, por temor a que la infectara. Nuncio, entonces, encontró una fuente de agua en Riparossa -hoy considerado un manantial milagroso- donde pasaba mucho tiempo meditando los misterios del Rosario.

3. Entre los "Incurables" de Nápoles

En 1831, debido a su precaria salud, fue hospitalizado por primera vez en L'Aquila y allí se dio a conocer a todos los pacientes por su fe, por sus obras de caridad hacia los demás enfermos y por las nociones de catecismo dadas a los niños. Otro tío se enteró de su precaria situación y le presentó al coronel Félix Wochinger, un alto oficial militar de Nápoles que lo tomó a su cuidado y le procuró todos los tratamientos posibles para curar su enfermedad ósea, incluso los tratamientos termales en Ischia. Permaneció mucho tiempo en el hospital de los Incurables en Nápoles, donde finalmente por primera vez recibió a Jesús Eucaristía.

4. El encuentro con Wochinger, un segundo padre

Por un breve tiempo Nuncio mejoró. Después, de salir del hospital, se mudó a casa del Coronel que vivía en el Maschio Angioino de Nápoles usado como cuartel. Entre ambos se estableció una hermosa relación padre-hijo que permitió a Nuncio profundizar su fe. Pensaba consagrarse, pero como todavìa no tenía la edad suficiente, pidió a su confesor que le aprobara una regla de vida que siguió escrupulosamente y que incluía largas horas de oración, meditación y estudio, así como la misa por la mañana y el rosario por la tarde. Este período de serenidad, sin embargo, fue interrumpido por el empeoramiento de su enfermedad y el diagnóstico que para Nuncio fue una sentencia de muerte: tenía un cáncer de huesos incurable.

5. Una vida sellada por el sufrimiento

Nuncio se muestra fuerte, hasta el final. Consuela al Coronel - que ahora lo llama "mi papá" - con la certeza de la promesa de que los dos podrán algún día abrazarse de nuevo en el cielo. Estamos en 1836 y la situación es ahora desesperada: Nuncio sufre fiebres muy altas que afronta rezando y ofreciendo su sufrimiento por las conversiones y por la Iglesia. La muerte lo libera del dolor el 5 de mayo, cuando acababa de cumplir 19 años, pero no sin antes recibir los Sacramentos. Alrededor de su cuerpo, consumado por las llagas, se difunde un intenso perfume de rosas.

Fuente: www.maronitas.org