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Literatura siríaca maronita secular de los siglos XVII-XVIII

Actualizado: 16 jun

Frente al mito de que el siríaco desapareció en la Edad Media o de que nunca fue más que una lengua litúrgica reservada a unos cuantos monjes solitarios del Líbano, la literatura ha venido a reclamar sus derechos. Los siglos XVII y XVIII, e incluso los siglos XIX y XX, revelan su infinita riqueza de producción literaria siríaca-maronita, que abarca tanto lo profano como lo sagrado.

maronitas

Por: Dr. Amine Jules Iskandar

Syriac Maronite Union-Tur Levnon

Asociado de maronitas.org

Escrito para Ici Beyrouth

Publicado el 15 de junio de 2024


La supuesta ausencia de literatura maronita profana en siríaco se esgrime como prueba de que esta lengua nunca abarcó más que el ámbito litúrgico. Algunos se refieren constantemente a la traducción del Nomo-Canon maronita al árabe realizada por el obispo David en el siglo XI como prueba de que el Monte Líbano ya era arabófono en aquella época. Sin embargo, esta obra parece ser una excepción en la historia de la literatura religiosa maronita y fue seguida por un segundo milenio de producciones en siríaco. También cabe destacar que esta actividad nunca se limitó al ámbito eclesiástico.


Sleiman Achlouhi, 1270-1335


Aunque nos ha llegado una importante colección de zajal (n. del tr.: es una forma de poesía improvisada y musicalizada del canto maronita en garshuni y siríaco) de un clérigo maronita de los siglos XV y XVI, el obispo Gabriel Barcleius (1447-1516), no podemos pasar por alto al gran poeta laico de Akkar Sleiman Achlouhi (1270-1335). Sus obras se conservan en forma de unos sesenta versos en el manuscrito 214 de la biblioteca vaticana. El siglo XVI vio también el auge de otro compositor de zajal, Sarguis de Smar-Jbeil. Si sus nombres han llegado hasta nosotros es porque pusieron por escrito esta literatura supuestamente oral e improvisada.


Ante las asombrosas afirmaciones de que no existía literatura maronita fuera del ámbito litúrgico o religioso, un joven erudito, Joseph BouCharaa, fue en busca de manuscritos en las numerosas bibliotecas del Líbano y, en ocasiones, de Occidente. Descubrió unos sesenta autores maronitas, muchos de los cuales utilizaron su lengua siríaca para componer textos de temática profana, en verso o en prosa. Este número es aún mayor si le añadimos los textos de autores anónimos que también ha conseguido recopilar.


Pero lo que es aún más sorprendente es el hecho de que esta lengua se siguiera hablando hasta mediados del siglo XX (como veremos en el próximo artículo). Los maronitas, al margen de la Iglesia y de la liturgia, lo aprendieron y utilizaron hasta la proclamación del árabe como lengua oficial por Bechara el-Khoury en 1943. El siríaco se siguió enseñando en las escuelas hasta que se jubilaron los últimos profesores en la década de 1960. Con ellos desaparecieron también los últimos escritores y poetas de esta lengua, de la que se dice que ha sobrevivido dos milenios y resistido a los mayores invasores, pero que murió, como diría Arnold Toynbee, de suicidio civilizatorio.


Joseph Dahdah, 1670


Volviendo al siglo XVII, fue durante la década de 1670 cuando el escritor y poeta Yaoseph Dahdoho de Aïn-Qoura (Joseph Dahdah de Aqoura) se dio a conocer. Su poema sobre el conocimiento y la enseñanza se encontró en el manuscrito 191 del monasterio de Deir el-Banét. El autor se presenta como originario de Aïn-Qoura (la fuente fría), que era entonces el nombre de la actual Aqoura. Aunque su texto está escrito sin vocales, tuvo la precaución de añadirlas a su nombre, que pronunciaba claramente Dahdoho.


En su manuscrito, cabe destacar que la información introductoria o explicativa sobre el año, el autor y el contenido está toda en siríaco.


Joseph de Ban, 1679


El mismo fenómeno se reproduce en el prefacio del libro del erudito maronita de Roma, Faustus Nairon, titulado Dissertatio de origine, nomine, ac religione Maronitarum. El autor anuncia el contenido de su obra anotando en siríaco: «Histoire de saint Maron, des maronites et de leur nation» (i.e.: Historia de san Marón, los maronitas y su nación). Inmediatamente se presenta como oriundo de Qrito Ban dab Touro de Lévnon (del pueblo de Ban, en las montañas del Líbano). También anuncia que el autor del poema introductorio es también un bannoyo (es decir, de Ban).


El año es 1679 y el autor de este poema es, por tanto, Yaoseph Issaoui Bannoyo (José de Ban). Un pasaje de este largo elogio a San Marón alaba los cedros y las montañas del Líbano. El esquema de la rima juega con la similitud entre las palabras Moroun y mouroun (Marón y murón). Una traducción de estos versos siríacos, construida según la métrica de Santiago, sería la siguiente:


Entre los cedros libaneses, creció Marón

Cedros elocuentes, espirituales y salpicados de murón

Entre cedros y cedros elocuentes, creció Marón

No se sorprenda de que los cedros exhalen murón

Porque entre los cedros que exhalan murón, creció Marón

La tierra de los cedros es verdaderamente la tierra del murón

Y la tierra del murón es verdaderamente la tierra de Marón.


Patriache Joseph Estephan, 1766-1793


Yoseph Estephan de Ghosta, elegido para la sede patriarcal siro-maronita de Antioquía en 1766, es famoso por su dominio de la lengua siríaca. Se le considera el autor de la historia de Santa Marina de Qannoubin, impresa en 1905 por León Clugnet en París. Su texto está íntegramente en siríaco y se caracteriza por un estilo fluido y un rico vocabulario. Demuestra que no sólo se seguía escribiendo bien esta lengua en el Monte Líbano del siglo XVIII, sino que, para que se utilizara por escrito, tenía que haber sido leída.


Aunque es hagiográfico, este texto no es ni litúrgico ni teológico, y pertenecía al ámbito de la historia. Por tanto, esta lengua no sólo se utilizaba para rezar, sino también para transmitir conocimientos y patrimonio.


El obispo Joseph Estephan, 1761-1822


En los siglos XVIII y XIX, Yaoseph Estéphan, gran virtuoso de la lengua siríaca, era sobrino del patriarca del mismo nombre. Aunque era obispo, sus escritos eran profanos e incluían alabanzas al príncipe del Líbano Bashir II el Grande.


Compuso un poema titulado Wolito (Lamentación) dedicado a su tío el patriarca, fallecido en 1793. Este poema se encuentra en el manuscrito Syr. 058 de la Biblioteca Oriental de la Universidad San José de Beirut. Se lee en los folios 59 al 64:


El sonido del llanto del Líbano llega hasta mí

En el corazón de Gousto (Ghosta) en este día, se oyen los lamentos

Mejor que el incienso y las bellas flores, las cenizas son honradas

Y sobre las cabezas de hombres y mujeres, son rociadas y esparcidas

Y cuánto más, más que cualquier variedad de especies, son honradas.


maronitas
Patriarca Joseph Estephan hacia 1780: «Historia de Santa Marina».

Patriarca Maronita
Joseph de Ban 1679: «Elogio de San Marón». Foto: Joseph BouCharaa

Libano
Obispo Joseph Estephan 1793: «Lamentaciones». Transcripción de Joseph BouCharaa

Libano
Joseph Dahdah 1670: «Conocimiento y enseñanza». Foto: Joseph BouCharaa

 

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