ESPIRITUALIDAD MARONITA

Por: Alberto Meouchi

La espiritualidad maronita es lo que llamamos el estilo de vivir el Misterio. Este estilo o modo está caracterizado, principalmente, por estos elementos:

- Siríaca:

Es una espiritualidad que nace en un clima influenciado por los padre siríacos, particularmente de san Marón († 410) de quien tomaría su nombre. Es una espiritualidad penitencial en cuanto que, ante la grandeza y santidad de Dios, la pequeñez del hombre y su vida pecaminosa es ayudada a purificarse para vivir de acuerdo a la voluntad divina inscrita en su designio de salvación. Por eso es una espiritualidad repleta de signos propiciatorios: permanecer de pie en la liturgia (originalmente en los templos no había bancas ni sillas para permanecer de pie durante las oraciones), ayunos y abstinencias a lo largo del año (no solo en cuaresma), actos de caridad, pobreza voluntaria para poner los bienes al servicio de la comunidad, etc.

La formación cristiana en la Siria Segunda se iniciaba en la familia y se prolongaba en la iglesia, por lo que era una espiritualidad donde la familia (padre e hijos, abuelos y parientes) delineaba la manera de su vida espiritual que se practicaba. Muchas madres consagraban a sus hijos a la vida religiosa incluso antes de nacer, y las personas se identificaban como cristianos por el nombre de su familia. Hasta la fecha esta costumbre está muy arraigada (v. gr. la fe del padre es quien define la tradición cristiana del hogar).


- Monacal:

La vida de los monjes de Siria, tanto la de los anacoretas como la de los que vivían en comunidad, configurarían su liturgia –lo que llamamos la forma de celebrar el Misterio–, haciendo del canto un aspecto esencial en su oración. La estructura de su liturgia se basa en dos grupos que rezaban a modo de diálogo entre un coro y otro, o entre los celebrantes y los laicos.

Los obispos eran reclutados de entre los monjes, dando una impronta monacal a las diócesis y a las parroquias por lo que todos los fieles rezaban toda la liturgia de las horas que hacían los monjes, incluso las horas nocturnas en las que bajan para cantar y rezar en las iglesias. Los obispos, además, continuaban viviendo con el mismo rigor ascético de su vida de monjes. Su autoridad moral los constituían en auténticos patrones de la ciudad.

Así la espiritualidad maronitas ha conservado un sinnúmero de costumbres monacales.


- Patriarcal:

La comunidad está bajo la protección de un obispo que hace cabeza sobre todos los obispos, como un padre, llamado patriarca. Es una espiritualidad que encuentra en el patriarca a una institución que funge como un maestro y un padre que enseña y cuida de sus hijos. Gestos como la consagración patriarcal de los santos óleos para los enfermos muestran esa unión entre los fieles y su patriarca.


- Calcedoniana

El concilio de Calcedonia (451) fue la base para el desarrollo no solo de su teología dogmática sino también la que obligó a los maronitas a ser defensores del catolicismo en medio de las vicisitudes ocasionadas por las grandes crisis cristológicas que se vivieron a partir del siglo V. Su espiritualidad quedó así marcada por una profunda devoción a la humanidad y divinidad de Cristo unida en la Segunda Persona de la Trinidad.


- Mártir:

Otro aspecto de su espiritualidad es la concepción de admiración al martirio. El amor a Dios sobre todas la cosas es la base de su fortaleza en la defensa de la fe. Es una espiritualidad que da más importancia a conservar la fe que a conservar la vida temporal, y eso se manifiesta en las costumbres de ver en los mártires un ejemplo para la santificación de la vida ordinaria, vida que se propone vivir con alegría y abnegación, sin miedo al futuro pues la providencia Divina nunca faltará.


- Trinitaria:

Todas la oraciones van dirigidas al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. La espiritualidad maronita es un esfuerzo por glorificar a Dios en su Trinidad, por lo que al dirigirse a una Persona, se involucrará siempre a las otras dos Personas Divinas.


- Pneumatológica:

El Espíritu Santo es continuamente invocado en todas la acciones no solo litúrgicas sino también en la devoción privada. El “redescubrimiento” del Espíritu Santo en la espiritualidad occidental que se dio en el siglo XX le debe mucho a la espiritualidad maronita y, en general, a las espiritualidades orientales.


- Eucarística:

La Eucaristía es el alma de la espiritualidad cristiana, y en los maronitas, en particular, se presenta como un eco de lo divino humanizado o de lo humano divinizado. Es decir, todo lo que comparte Dios con la humanidad está presente en la Eucaristía.


- Expectante en la Segunda Venida de Cristo:

La espiritualidad se organiza en función de la Parusía. Así, la santificación de la vida diaria, la santificación del trabajo, la santificación de familia, etc. tiene como sustrato la continúa preparación –el estar alerta– a la Segunda Venida del Señor.


- Libanesa:

Fueron las montañas del Líbano donde encontró protección la espiritualidad maronita. Particular importancia reviste el Valle Santo de Qadisha (وادي قاديشا , wadi qadisha). donde los grandes monjes y maestros de la fe cimbraron la piedad popular maronita. La imagen del Cedro del Líbano es un emblema de su espiritualidad.


- Fiel al Papa de Roma

El amor y fidelidad al papa ha sido una constante en toda la espiritualidad maronita, lo que la llevó a veces, por obediencia, a adoptar usos y costumbres de la iglesia latina, por lo que se pueden encontrar en ella algunas devociones occidentales como lo son la devoción al Sagrado Corazón de Jesús o el uso arraigado del Escapulario de la Virgen del Carmen.


- Mariana:

La devoción mariana de los maronitas en su espiritualidad es tan natural que no se pude concebir ningún evento religioso sin la intercesión de la Madre de Dios. En los caminos públicos, en las casas, en los comercios, etc. abundan las imágenes de la Virgen María. El rezo del rezo del rosario es diario junto con los cantos y otras bellas costumbres marianas.

- De Sacramentales:

La espiritualidad se hace acompañar sierre por el suo de los sacramentales, en los que destacan las velas, el incienso y el aceite.


-Culinaria:

La comida juega también un papel importante en la espiritualidad maronita. Hay alimentos que caracterizan, por ejemplo, ciertas fiestas litúrgicas como son el المغلي (mighle) en Navidad, el عوامة (‘ouwaymat) en Epifanía o el معمول (ma’mul) en Pascua.

Estos elementos nos permiten entender, que la perspectiva de la espiritualidad maronita parte del hecho de mirar a Dios como un Misterio. Por la gran distancia entre el Creador y la creación se asume que el Misterio de Dios no sea comprendido. Así todo lenguaje sobre Dios es limitado, de ahí que la espiritualidad maronita pone el énfasis en el amor y no en la razón. No significa esto que sea un amor irracional, sino que el acceso al Misterio se hace vía el Amor, para dar el brinco, desde ahí, a la razón. El proceso conduce a una unión mística: cuanto más se ama a Dios, más se le conoce.

Dos aspectos explican esta noción de Misterio en la espiritualidad maronita: 1) los orígenes judeo-cristianos de la Iglesia maronita, y 2) su familiaridad con las Escrituras y la poesía, donde destaca la de san Efrén de Nisibe († 373).

Así, el enfoque espiritual de la oración está en el cultivar una conciencia de Dios que está siempre más allá de nuestro alcance, pero al mismo tiempo presente para nosotros, dispuesto a entrar en diálogo con nosotros, porque nos ama.

En la espiritualidad maronita para entrar en comunicación con Dios –orar, rezar– es necesario hacerlo, pues, a través de sus huellas presentes en la humanidad y en toda la creación. A Dios se le accede al contemplar la creación.

Para el maronita rezar es vivir, y vivir es rezar. Este proceso, llamado lucidez o “visión interna”, considera que todas las cosas creadas son transparentes, tocadas por Dios y divinizadas.

La visión maronita de la oración se desarrolla naturalmente en una forma de vida impregnada y formada por la Biblia llamada espiritualidad bíblica. Además, el espíritu monástico impregna la oración maronita y la vida litúrgica.

Pero también Dios, el Misterio oculto, se dió a conocer –se reveló– al hablar Su palabra en la creación. Por eso, para la espiritualidad maronita la creación es el gran símbolo del Creador.

En efecto, cuando Dios “habla” o “se revela” lo hace en tres lugares: la creación, en la humanidad y en la Sagrada Escritura. Es decir, Dios imprimió sobre la naturaleza, sobre la humanidad y sobre las Escrituras las imágenes que lo revelan. Y la imagen de Dios pura y por excelencia es Cristo. De ahí que el propósito del universo fue y será preparar a toda la creación a la venida de Cristo: en la carne (Primera Venida) y en la gloria (Segunda Venida). La Espiritualidad Maronita, entonces es en Cristo donde halla su soporte visual y auditivo, de ahí que la iconografía y la música sean la manifestación de dicha espiritualidad.

Bibliografía:

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Cómo Citar:

MEOUCHI, Alberto. Diccionario Enciclopedico Maronita. Chihuahua, Mexico: iCharbel.editorial (2019). Sitio web: https://www.maronitas.org


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