ICONOGRAFIA MARONITA

Por: Alberto Meouchi

La Iconografía Maronita es el conjunto de imágenes y representaciones de la tradición litúrgica maronita que tiene su inspiración en el ambiente siríaco de Edesa. La palabra icono (tb. ícono) proviene del griego antiguo εικόνα (eikóna) que significa “imagen”, por lo que la iconografía nos presenta –con trazos y colores– una espiritualidad que va más allá de la voz, pues la imagen habla en el silencio, en la contemplación. En esta vida conocemos a Dios por el oído (por ej. cf. Mt 3, 17), pero en la vida eterna será por la vista –visión beatífica– y sin mediación, pues veremos a Dios cara a cara (cf. 1 Co 13, 12), “lo veremos tal como es” (1 Jn 3,2), gracias al don divino decisivo del lumen gloriae (i.e. Luz de la Gloria), obra del mismo Espíritu Santo, en el cual seremos introducidos a esta visión de la esencia divina. El icono, para un maronita, complementa en esta vida a la Palabra revelada. En efecto, es el icono quien dibuja –y hace visible para el orante– a la Palabra bíblica. El icono es, pues, un anticipo de la futura visión beatífica.

La costumbre de dibujar una imagen surge en la cultura de forma espontánea, no tiene, entonces, un origen propiamente religioso, ni mucho cristiano. Pero al ser puesta en el ambiente piadoso de la oración cristiana se convierte en un modo de acceso a lo divino. Lo humano –sin ser destruido, sino perfeccionado y elevado por la gracia– se diviniza; así la imagen al ser tocada por la Palabra Divina, se vuelve imagen sacra.

La iconografía cristiana –el representar imágenes cristianas– tiene su origen en la Leyenda de rey Abgar, quien mandó con un emisario una carta a Cristo invocando salud y, según esta leyenda, el Señor le contestó regalándole un lienzo con el que se había secado su cara y en el cual dejó impreso su rostro. A esta leyenda –en vida de Cristo– se le añaden dos más: 1) la de la leyenda de la imagen del velo con el que la Verónica (este nombre es ilustrativo; del latín: verum imago, verdadera imagen | verum icono, icono de la Verdad) le limpió el rostro a Jesucristo camino al Golgotha (horas antes de la muerte del Señor), y 2) el de la imagen que se plasmó en el Santo Sudario (i.e. la Sacra Síndone de Turín) en el que fue envuelto el Cuerpo de Cristo para ser sepultado en el Sepulcro, cuya impresión es de cuerpo entero.

Durante el tiempo de los primeros cristianos aparecieron varias imágenes que representaban, simbólicamente, algún acontecimiento, una identidad, o algún personaje. Uno de los más conocidos es el del ιχθγξ (icthns, “pez” en griego), acrónimo que significa Ἰησοῦς Χριστὸς Θεοῦ Υἱὸς Σωτήρ “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador”: IXΘΥΣ (iota i=Jesús, xi X=Christos, theta Θ=Theou [Dios], ypselon Υ=Uios [Hijo], sigma Σ=Soter [Salvador]). Se dibuja, entonces, una figura de un pez para confesar la fe en Jesucristo como Hijo de Dios y Salvador del mundo. Pero no fue el único, existen otras muy bonitos como la ilustración del Cordero (símbolo de Cristo, cf. Jn 1, 29), la de un Pastor (cf. Jn 10, 11-18), el Crismón (ΧΡ, las primera dos letras de la palabra Cristo: ΧΡΙΣΤΟΣ), una Paloma (símbolo del Espíritu Santo, cf. Jn 1, 32), etc. Paulatinamente se fue acumulando una serie de imágenes que representaban las diversas realidades cristianas.

Después de esta primer etapa de la formación pictórica cristiana, le siguió el conjunto iconográfico dedicado a las principales fiestas litúrgicas que dieran lugar al Δωδεκαόρθον (Dodekaórton) bizantino (i.e. doce fiesta litúrgicas), y que, en nuestra tradición, se configuraría en el ciclo litúrgico maronita.

Los iconos más antiguos están grabados en unas vasijas con cuello largo y estrecho y de cuerpo ancho y redondo en la parte inferior hechas en plata o plomo. Las principales de estas vasijas que datan del siglo VI y provienen de Tierra Santa, son: las ampollas de Monza (realizadas en Palestina, probablemente entre el siglo V y principios del siglo VII, y se encuentran en el Tesoro de la Catedral de Monza al norte de Milán, Italia, desde que fueron donados por Theodelinda, reina de los lombardos [ca. 570-628]); los frascos de Monza-Bobbio (descubiertos en un entierro en la Abadía de Bobbio, no lejos de Monza); y las ampollas de la abadía Chiemsee en Torhalle (se hallan en Michaelskapelle Museum, Alemania). Estas ampollas, en conjunto, tienen las representaciones de la Anunciación, la Visitación, la Navidad, la Epifanía, la Crucifixión, la Resurrección y la Ascensión del Señor.

Otros iconos de igual antigüedad (s. VI) están en un relicario de madera tallada proveniente de Siria o Palestina que contiene una pintura encáustica sobre una tabla de 24 x 18.4 x 1 cm, la cual se encuentran en el Tesoro de la Capilla del Sancta Sanctorum en Letrán, Italia. En la descripción que hace de él el Museo Vaticano explica que “las piedras y el mantillo guardados en su interior, cuidadosamente fijados en la argamasa de relleno, llevan inscripciones en grafía griega con la identificación escrupulosa de las proveniencias. Las imágenes pintadas en el interior de la tapa se disponen según una lectura ascensional precisa (de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba), para delinear un compendioso ciclo «de la Navidad» (con la Natividad y el Bautismo en el Jordán), seguido por otro ciclo igualmente breve «de la Pascua» (con las Tres Marías en el sepulcro y la Ascensión), divididos por la escena central de la Crucifixión” (cf. en Mvsei Vatiani, inv. 61883.2.1-2).

Datadas también del mismo siglo VI, y quizá las de mayor impacto para la iconografía maronita, son las ilustraciones contenidas en el Evangeliario siríaco de Rabbula (BL syriac ms. Pluteus I, 56, en Florencia). Este manuscrito se completó en el año 586 en el monasterio de Beit Mar Yuḥanon de Beit Zagbo, en el norte de Siria. Lleva como firma ܪܒܘܠܐ (Rabbula), el monje que fungió de escribano de este documento y del que no se sabe nada más. Este manuscrito podríamos calificarlo como la raíz del árbol de la iconografía maronita, pues se considera el manuscrito siríaco iluminado más antiguo, y representa la transición entre el arte paleocristiano y el arte iconográfico. Los temas más originales de estos iconos son los de la Navidad, la Epifanía, la Crucifixión-Entierro-Resurrección y Pentecostés.

La colección de iconos siríacos más completos, que datan de la mitad del siglo XIV, son los que contienen los manuscritos del British Library 7170 (probablemente del Monasterio Beit Mar Maṭis o de Deir Az Za’faran) y del Vaticanus Syriacus 559 (originario del Monasterio Beit Mar Maṭis), ambos escritos y pintados en la región de Mosul y de Mardin de la Alta Mesopotamia (actualmente Turquía e Irak). Este par de manuscritos contienen el ciclo completo de las fiestas y domingos de las iglesias siro-occidentales, y algunas escenas más tomadas del Nuevo Testamento.

Otros manuscritos con iconografía siríaca son el Leccionario siro-ortodoxo de Melitene (actual Malatya, ciudad al sureste de Turquía) realizado ca. 1200 en tiempos del obispo Miguel el Sirio († 1199) (Syriac ms. 355 en la Bibliothèque Nationale de France); el Evangeliario sirio, del monasterio de Qartamin, ca. 1190 (Syriac ms. 41 en la Bibliothèque Nationale de France), etc.

A finales del siglo XX hubo un despertar de la iconografía maronita, intentando revivir la tradición con la modernidad. Dos talleres importantes son dignos de mención: a) el taller del departamento de Arte Sacro de la Universidad del Espíritu Santo en Kaslik (Líbano), fundado y dirigido por el monje e iconógrafo Abdo Badwi o.l.m (n. 1948). Su obra es, quizá, la que refleja con mayor fidelidad el arte iconográfico maronita. Su trabajo más importante a la fecha es la colección de iconos del ciclo litúrgico maronita, cuyos cuadros originales están en Kaslik (Líbano), y fueron publicados en el libro L’Iconographie de l’Annee Liturgique de l’Eglise Syro-Maronite (2006 | 2ed. 2014) por la USEK; y b) el taller del arzobispado de Nicosia (Chipre) fundado por Mons. Boutros Gemayel (n. 1932), en la que destaca la iconografía realizada por Jacqueline Ann Ascott referente al ciclo litúrgico maronita. Su hermosa obra, conservada en la catedral maronita de Nuestra Señora de la Gracia de Nicosia, fue publicada por Dar Sader Publishers en Beirut con el título The Maronite Icons: Modern Sacred Art (1999). El trabajo de Chipre, a pesar de toda la bella que reviste, conserva elementos no maronitas, por lo que rompe, en nuestra opinión, con la tradición siríaca original. Es, sin embargo, una arte moderno de gran valor y muy apreciado, que le ha dado un nuevo giro al arte iconográfico maronita.

Entre las características propias más relevantes del arte iconográfico maronita podemos mencionar:

- Está inspirada en al tradición siríaca.

- Sus colores son vivos y alegres, y conservan los colores de las tierras árida de la región levantina, proyectando una luminosidad y unas líneas de luz neutra.

- El grafismo tiene una sobria elegancia y proporcionalidad, de acuerdo a la regla geométrica del número ocho y suele llevar el canon anatómico griego de una a ocho.

- El dibujo tiene una profundidad plana.

- Conserva, ordinariamente, el uso de la cúpula en recuerdo de la bóveda celeste, el uso de arcos, el uso de aspectos pastoriles como son los signos gráficos tomados de hojas de plantas, flores o animales.

- El trazo de los iconos procuran estar basados en líneas blancas gráficas paralelas a las líneas principales del diseño, el cual refleja su expresión primitiva y simple.

- La temática se centra en los pasajes bíblicos celebrados en la liturgia.

- Se han de pintar acompañados de la oración y del ayuno, de la lectura asidua de la Biblia, y de la fiel participación en la sagrada Eucaristía y liturgia de las horas, para hacer propia la realidad sacramental de los Santos Misterios celebrados.

- Son anónimos, es decir, los iconos no son firmados por el autor, ya que el pintor se considera asimismo como autor secundario, el hagiógrafo de la mano de Dios a quien se le da el verdadero crédito de la creación del icono.

Bibliografía:

ABDO, Badwi, L'iconographie de l'Année liturgique syro-maronite, Beirtu: Universite Saint-Esprit, 2006; CECCILLI, Carlo, FURLANI, Gisuppe, SALMI, Mario; The Rabbula Gospels. Facsimile edition of the Miniatures of the Syriac Manuscript Plut. I, 56 in the Medicaean-Laurentian Library, Switserland: Urs Graf-Verlag Publishers of Lausanne, 1959; GEMAYEL, Boutros, The Maronite Icons: Modern Sacred Art, Beirut: Dar Sader, 1999; KOMINKO, Maja, Byzantine, Syriac, «Armenian and Latin. A Note on Artistic Interaction in Eastern Mediterranean Manuscript» en Journal: Eastern Christian Art, Volume 7 (2010), p. 59-70.

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Cómo Citar:

MEOUCHI, Alberto. Diccionario Enciclopedico Maronita. Chihuahua, Mexico: iCharbel.editorial (2019). Sitio web: https://www.maronitas.org


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