EL MISTERIO DE LA LENGUA DE LOS MARONITAS

Actualizado: 31 de dic de 2020

SIRÍACO OCCIDENTAL


Publicación y traducción al español por Maronitas.org con autorización y cortesía de Tur Levnon.


Por: Dr. Amine Jules Iskandar

Presidente de la «Syriac Maronite Union-Tur Levnon»

y Asociado de «maronitas.org»

Epígrafe del monasterio patriarcal maronita de Ilige fechado en 1276 y que muestra la escritura cuadrada maronita

Alrededor de los dos primeros siglos después de Cristo, el idioma hablado en la parte norte del Creciente Fértil se cristianizó. Desde la Alta Mesopotamia hasta Fenicia, tomó el nombre de siríaco. Sin embargo, la mutación lingüística había comenzado mucho antes, desde las épocas asiria (736-609) y caldea (605-539), cuando el arameo comenzó a extenderse gradualmente por todo el imperio. Los persas, que llegaron en el año 539, eligieron entonces imponerla como lengua franca para todas sus provincias.


Como cualquier lengua viva que se renueva, enriquece y transforma, las lenguas locales terminaron absorbiendo el arameo en su evolución. Este proceso se hizo inevitable y afectó a las lenguas cananeas, incluyendo el fenicio en el norte y el hebreo en el sur. Ambas fueron influenciadss por el arameo, tanto que hoy en día se acostumbra llamar «arameo» al lenguaje de Cristo o al de Fenicia. Y, sin embargo, básicamente, fueron sólo las formas cananeas locales las que han cambiado a lo largo de los milenios para dar este nuevo término que también sería propio llamar «neo-cananeo». Después de los persas (539 a 333 a.C.), vino el imperio de Alejandro. Pero esto no se tradujo en una simple ocupación a la manera de los persas, de los asirio-caldeos o de los faraones antes que ellos. La victoria militar griega pronto dio paso al helenismo, que era una especie de ósmosis entre las culturas griegas y locales. El bilingüismo nació en las provincias occidentales del Creciente Fértil, con extrañas reminiscencias del Líbano moderno. El neo-cananeo o arameo local se mezcló con el griego a la manera del francés actual. El paso de un idioma a otro dentro de la misma frase se hizo de la manera más natural.


El nacimiento de Siríaco


Pero un fenómeno aún más peculiar afectó a la parte norte del Creciente Fértil. Esta región, desde el Líbano hasta Antioquía, extendiéndose más allá de la Siria cristiana y de la Alta Mesopotamia, se convirtió al cristianismo. Aparte de la franja que une el Líbano con Alepo, la Siria cristiana se ubicaba principalmente en la actual Turquía, con Antioquía como su capital espiritual, Edesa como su centro cultural, y Tur Abdin como su montaña sagrada.


La Alta Mesopotamia Cristiana también se encontraba predominantemente en la actual Turquía, extendiéndose desde las llanuras y montañas de Nínive en el norte del Iraq hasta Omit, actual Diyarbakir en Turquía. También incluye Tur Abdin. Entre Fenicia, Antioquía y Edesa, el cristianismo transformó, aún más, el idioma local. Este último, de cultura pagana, no pudo proporcionar la terminología requerida por la nueva cultura cristiana. Fue necesario recurrir a la filosofía griega, y por tanto a su lenguaje, para expresar los nuevos conceptos teológicos.


Los préstamos del griego se intensificaron aún más que en los tiempos paganos. El habla local, helenizada y cristianizada, se convirtió así en una lengua con su propia escritura. Para diferenciarse del resto del todavía predominantemente pagano Creciente Fértil, la gente del Norte buscó dar a su lenguaje cristiano un nuevo nombre. La elección recayó espontáneamente en el nombre de esta región del norte occidental, que la administración romana de la época llamaba «Provincia Siria». Así, se le llamó, entonces, «siríaco».


Las poblaciones cristianas que la adoptaron, ya fueran cananeas, arameas o mesopotámicas, se convirtieron en «los siríacos». En la parte oriental del Creciente Fértil fueron llamados «siríacos orientales» (hoy los asirios y caldeos); y en la parte occidental, entre Fenicia y Edessa, fueron conocidos como los «siríacos occidentales». Estos últimos forman dos grupos: los siríacos ortodoxos y católicos en la Siria aramea, y los maronitas y rums (ortodoxos y católicos) en Canaan.


La transición a la "O"


Lo que es muy sorprendente es que el siríaco occidental que nos interesa (ya que es el idioma del Líbano) presenta una diferencia fundamental con todos los demás idiomas semíticos, incluido el siríaco oriental. Y esta diferencia fue señalada por un especialista en prehistoria libanesa, el padre Henri Fleisch, de la Compañía de Jesús, en la década de 1940.


Dejó un análisis que fue retomado en forma de notas de conferencias por otro jesuita, el Padre Jean Aucagne, que también continuó su trabajo en la década de 1980. Nos dice que el padre Fleisch hizo la siguiente observación: «no hay "A larga" en fenicio, por la buena razón de que todo fue a "O"».


Y de la misma manera, agreguemos que no hay "A larga" en siríaco occidental, ya que todas se convierten en "O". La misma letra que se llama alef en árabe, aleph en hebreo y alaph en siríaco oriental se convierte en olaph en siríaco occidental. Si el siríaco oriental no conoce este paso a la "O", fue porque este fenómeno pudo deberse a una característica particular de la región occidental. Además, el hebreo, vecino del Líbano y derivado del cananeo, presenta este mismo paso a la "O", aunque de manera menos sistemática.


Investigaciones adicionales permitieron al padre Henri Fleisch encontrar esta pronunciación de la "O" en las inscripciones fenicias. No en caracteres fenicios, ya que no anotan las vocales, sino en los textos fenicios transcritos en cuneiforme acadiano, que, por su parte, las anotó. Y vemos que los fenicios también se inclinaban hacia la "O" y que es de ahí de donde proviene esta característica tan exclusiva del siríaco occidental. No podemos dejar de pensar en la reveladora frase de Ernest Renan cuando dijo en 1861 en su Mission de Phénicie: «Bajo el nombre de "siríaco" e identificado con el dialecto de las poblaciones del Líbano, el fenicio atravesó la Edad Media».


La importancia de la geminación


Así, en un momento en que las antiguas lenguas del Medio y Cercano Oriente estaban desapareciendo bajo la influencia de las expansiones árabes, el fenicio sobrevivió en su forma cristiana como una lengua litúrgica y viva al mismo tiempo. El "O" siríaca occidental es una característica de la cananea fenicia que no se encuentra en ninguna otra parte de las lenguas semíticas, excepto, por supuesto, en el hebreo, ya que es, como acabamos de señalar, una de las formas del cananea.


En su investigación, Henri Fleisch, señaló, además, que el paso de la "A" a la "O" se produjo al mismo tiempo que la desaparición de la geminación (la "chaddah" en árabe). Así Bickfaya sería Bkifoyo, y Broummana sería Broumono, sin la geminación. Y esta "O" tan característica del siríaco occidental del Monte Líbano es persistente. Se extiende hasta nuestros días en el habla de los maronitas del Norte del Líbano y se sumerge en el pasado hasta los períodos cananeos más remotos.


¿Qué hay entonces de esta forma tan profundamente arraigada que ha cruzado no sólo los siglos, sino también los milenios? Los padres Fleisch y Aucagne subrayan la importancia fundamental de la geminación en todas las lenguas semíticas. Es un componente esencial de la semítica que es inconcebible fuera de ella. La palabra «padre» se dice «abb» en árabe, «abba» en hebreo, arameo y siríaco oriental, pero en siríaco occidental se dice «abo» . "Grande" se dice «rabba» en hebreo, arameo y siríaco oriental, con un derivado árabe «al-rabb». En siríaco occidental, es «rabo», sin la doble consonante.


La geminación es, por lo tanto, un componente esencial de las lenguas semíticas, que todas lo respetan. El hebreo ha sido abandonado recientemente en su forma moderna. El siríaco occidental, heredero de la versión fenicia del cananeo, es históricamente la única excepción a la regla semítica de la geminación. Según este hecho lingüístico, ¿la población cananea del Líbano tiene orígenes no semitas?


Esta hipótesis es inconcebible, ya que Fenicia siempre ha sido considerada como el corazón del mundo semítico. Los padres Fleisch y luego Aucagne abandonaron sus investigaciones allí, casi convencidos de que habían ido en la dirección equivocada. Terminaron su trabajo con una pregunta que legaron a las siguientes generaciones: «¿La población pre-cananea no es de origen semítico?».


Los descubrimientos del profesor Pierre Zalloua


Notemos también otra característica peculiar del siríaco occidental del Monte Líbano. Las interdentales (consonantes que requieren la colocación de la lengua entre los dientes frontales o incisivos) están completamente ausentes. Los encontramos en todos los idiomas semíticos, incluyendo el siríaco oriental e incluso el siríaco occidental de Siria-Alta Mesopotamia. Por ejemplo, «altar» se dice «madhbho» entre los siríacos ortodoxo, pero «madbho» entre los maronitas. Aquellos pronuncian el número tres «tlotho», mientras que los maronitas lo pronuncian «tloto».


Hasta hoy, el idioma libanés no conoce los sonidos de "th" o "dh", incluso en el uso de palabras de origen árabe. Esta es también una constante y una característica particular que se remonta a la Alta Antigüedad y probablemente a la prehistoria.


La pregunta del padre Fleisch y del padre Aucagne es una vez más obvia en lo que respecta a este misterioso origen pre-cananeo. Aquí es donde los últimos descubrimientos genéticos del profesor Pierre Zalloua vienen a proporcionar la respuesta más inesperada. Nuevas técnicas científicas, inexistentes en la época de nuestros dos lingüistas jesuitas, han revelado la desconocida fase pre-cananea, anterior a la aparición de la escritura.


Donde la arqueología carecía de datos epigráficos, inventó una nueva forma de sondear el cuerpo humano. Esto ofrece, como un sitio de excavación arqueológica, diferentes estratos de genomas superpuestos. La historia está en nuestros genes incluso antes de la aparición de la escritura. Cada capa revela una era y cuenta un evento crucial para comprender los movimientos, los encuentros y las evoluciones humanas


El equipo del profesor Pierre Zalloua tomó muestras de varios miles de individuos, desde el Líbano hasta los asentamientos fenicios del Mediterráneo, el Cáucaso y los países del Oriente Medio. Este estudio puso de relieve las diferencias flagrantes entre los libaneses y las poblaciones de los países vecinos. Entre los propios libaneses, una firma genética destaca aún más claramente: el haplogrupo L1b. Se encuentra en el 12,5% entre los maronitas del norte del Monte Líbano, mientras que el promedio general libanés sigue siendo inferior al 1%. Esta es precisamente la región donde la "O" sigue siendo de uso popular. Esta población es designada en el estudio del profesor Pierre Zalloua por el NLMM: North Lebanon Mountain Maronite (Maronita de Montaña del Norte del Líbano).


En los países vecinos del Líbano, el genoma L1b también es casi inexistente. Para encontrarlo en una proporción casi similar a la del Líbano, es necesario viajar a la región del Cáucaso, a Turquía oriental y principalmente a Armenia. Gracias a este descubrimiento, podemos concluir que las poblaciones habrían abandonado el Cáucaso hace unos 7000 años y se habrían trasladado al Líbano, donde encontraron un territorio montañoso similar a su patria, pero más fértil y con un mejor clima. Al mismo tiempo, les ofrecía una variedad de estaciones según las altitudes que eligieran. El Monte Líbano y su costa ya habían sido habitados durante miles de años por una población que disfrutaba de estas diferentes elevaciones con las potencialidades naturales y agrícolas que ofrecían. Los recién llegados eligieron asentarse en las altas montañas del norte de esta cordillera libanesa. Adoptaron el idioma local semítico pre-cananeo probablemente alrededor del cuarto milenio, pero con una distorsión que delata su origen caucásico.


Aunque formaban parte del pueblo cananeo, no obstante formaban un grupo en sus montañas y valles que estaba bastante aislado del resto del territorio. Y fue precisamente en esta región donde los discípulos de San Simeón y los misioneros de Beit Maron comenzaron su predicación entre los siglos IV y VI para formar el primer núcleo maronita cuya fe y liturgia se extendería gradualmente por el resto del Monte Líbano.


Sorprendentemente, el grupo NLMM permaneció relativamente aislado durante el período cristiano. A pesar de la conversión del resto del Líbano a la fe cristiana en su rito maronita y del uso de la misma lengua siríaca, estos descendientes caucásicos mantuvieron su grupo bastante compacto en sus montañas del norte. De este modo, proporcionaron a la investigación genética una muestra bastante homogénea y fiable. Esto hizo posible detectar una característica propia que se toma prestada del pasado.


Este documento de identidad detectado por el profesor Pierre Zalloua es el que nos permite rastrear el origen de esta población, rastreando claramente su origen en la región armenia del Cáucaso. En este sentido, su descubrimiento se suma a las hipótesis lingüísticas planteadas por los jesuitas Henri Fleisch y Jean Aucagne medio siglo antes. Esto arroja nueva luz sobre el siríaco occidental del Monte Líbano y sobre sus sustratos no semíticos que aún hoy están vivos en las montañas maronitas del norte.


Syriac Maronite Union-Tur Levnon

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