El pueblo libanés y la plaza democrática (2/2)

Actualizado: 30 oct

Hoy en día, los pueblos saboteados por el urbanismo moderno deberían esforzarse por reconstituir la plaza que ha desaparecido del centro asolado por la autopista. Sin esta plaza, el pueblo como constituyente social es inexistente. Esta dimensión es la base de la construcción del tejido social, del ciudadano, del referente identitario y cívico, del sentido de pertenencia.


#maronitas

Por: Dr. Amine Jules Iskandar

Syriac Maronite Union-Tur Levnon

Asociado de maronitas.org

Escrito para Ici Beyrouth

Publicado el 29 de octubre de 2022


Según el país, los asentamientos pueden establecerse según criterios hidráulicos, como ríos, manantiales o arroyos; portuarios, como las ciudades fenicias; comerciales, como las rutas de las caravanas; o de seguridad. En el Monte Líbano, donde hay agua en abundancia, la seguridad fue el factor determinante. El resto de las necesidades estaban subordinadas a ella. Por lo tanto, los campos y los huertos se obtuvieron más tarde construyendo terrazas cultivables cerca de los pueblos y los monasterios.


Kfar-Abida: #sancharbel, la plaza de la iglesia de los Santos Sergio y Baco. Padre Elías Korkomaz
Kfar-Abida: la plaza de la iglesia de los santos Sergio y Baco. ©Padre Elie Korkomaz

Seguridad


La noción de seguridad es perceptible en todas partes, tanto en la morfología del pueblo como en su toponimia. Hasroun no es otra cosa que una pequeña fortaleza en fenicio, mientras que en siríaco, Beit-Hutman significa lo inconmovible, Ras-Kipha la cima de la roca, Touratig la corona de la montaña y Bcharré la estabilidad.


Por razones defensivas, las ciudades suelen estar situadas al borde de un acantilado o de una montaña, desde donde dominan un vasto territorio y otean el horizonte, al igual que los pueblos de las colinas de Toscana, Umbría, Liguria, etc., coronados por sus torres de vigilancia.


Hasroun: la plaza de la iglesia transformada en aparcamiento. Padre Elías Korkomaz
Hasroun: la plaza de la iglesia transformada en estacionamiento. ©Padre Elie Korkomaz

En el Líbano, escribió Baptistin Poujoulat hacia 1860, «aparecen a veces en las laderas de los valles escarpados, a veces en las mayores alturas de las montañas, a veces en los bordes de los precipicios. Tienen cuidado de no construir sus viviendas en lugares de fácil acceso». Estas mismas características fueron observadas por Volney, Lamartine, De Nerval, Marie Joseph de Géramb...


En la Bekaa, Zahle eligió instalarse en las estribaciones del Líbano, desde donde domina la llanura pantanosa. Lo mismo ocurre con Ammiq, Soghbine, Niha y Deir el-Ahmar. Todos estos pueblos establecidos en el flanco oriental del monte Líbano buscaban tanto la salud como la seguridad.


Dhour-Choueir: la plaza de la iglesia transformada en un centro de tráfico. Foto encontrada en Internet
Dhour-Choueir: la plaza de la iglesia transformada en un un nudo de circulación. Foto encontrada en Internet

La Rocca


El historiador Adel Ismaïl señala un punto de similitud entre los pueblos de Italia y los del Líbano. En el centro de estos asentamientos se encuentra el antiguo poblado, «comúnmente llamado Qalaa o fortaleza, el equivalente a la Rocca italiana, generalmente construido sobre una colina, con casas agrupadas como en un solo bloque, una supervivencia de lo que fueron las acrópolis egeo-fenicias». El resto de los edificios están repartidos entre esta colina y los campos colindantes.


Los Qalaa (la q es muda) suelen caracterizar a los pueblos de cierta importancia. Uno de los ejemplos más significativos es el pueblo de Amioun, que superpone al asentamiento fenicio el de los francos en la época de las Cruzadas, acercándolo aún más a la Rocca italiana medieval. Algunos pueblos tienen nombres relacionados con los Qalaa. Es el caso de Qlayaa (la pequeña Rocca) o Qlayaat, que es la forma plural en siríaco.


En Bikfaya, la parte fortificada se encuentra en el barrio de San Juan de Bhersaf, más al sur del pueblo. Hoy en día no queda nada de ella, salvo los cimientos de la iglesia y algunas casas. Este es el destino de la Qalaa en la mayoría de las localidades libanesas que fueron arrasadas durante el periodo mameluco. El patriarca Esteban Douaihy nos habla de esta época describiendo el destino de la fortaleza de Ehden, de la que no queda más que el nombre en Nuestras Señora de la Fortaleza. «En el mes de junio de 1597 de los griegos (1286 DC), dice, los mamelucos tomaron Ehden tras un asedio de cuarenta días. Derribaron la fortaleza que está en la montaña en medio de Ehden. También destruyeron el fuerte que está en la montaña alta».


La montaña


Debido a la falta de ordenación del territorio, las llamadas autopistas se transforman en calles comerciales en las que el tráfico, muy ralentizado, acaba aislando el campo de los centros de negocios. Las familias se ven obligadas a trasladarse a la ciudad. La tierra se vacía y muere, mientras la juventud evoluciona en los centros urbanos o en los suburbios en expansión desprovistos de alma y raíces. El éxodo rural es un primer paso hacia la emigración.


Más peligroso aún es la urbanización de las montañas y la transformación de los pueblos en ciudades. Este peligro lo denuncia la historiadora Ray Jabre Mouawad en su libro Les Maronites (ediciones Brepols). Para ella, la urbanización de la montaña mata a la montaña, que es un componente esencial de la identidad maronita, como también subraya el filósofo Charles Malek.


Hasroun: El monumento de Joseph Simon Assémani en la plaza de la iglesia abarrotada de coches. Amine Jules Iskandar
Hasroun: El monumento de José Simón Assemani en la plaza de la iglesia atestada de vehículos. ©Amine Jules Iskandar

Un reto arquitectónico y cívico


Para salvar al Líbano, hay que preservar al pueblo, y para ello es imprescindible rediseñar la plaza pública y democrática. En algunos lugares, es posible conseguir esta reestructuración mediante un simple tratamiento del material del suelo (piedra o basalto) que permite identificar el espacio público, imponiendo una ralentización del tráfico de vehículos. En otros lugares, las soluciones requerirán intervenciones más radicales, como las demoliciones. No olvidemos que fue uniendo dos plazas como se formó la Piazza del Campo en Siena en el siglo XIII. Los tejidos urbanos más bellos se han creado siempre a través de audaces trabajos de demolición, salvo, por supuesto, las nuevas ciudades creadas sobre la base de planes maestros preestablecidos.


En algunos lugares, las intervenciones serán mínimas, porque las plazas se caracterizan por un rico patrimonio y una identidad preservada. Es el caso, en particular, de Midan, en Ehden, o de la plaza de Hasroun, donde, frente a la iglesia, se entroniza la fuente con el obelisco y la estatua del erudito José Simón Assemani. Aquí, la única tarea del municipio es desarrollar actividades y fomentar el establecimiento de cafés y tiendas para revitalizar este patrimonio poco conocido que es el espacio público libanés en sus cualidades democráticas.


Es necesario recrear esas plazas en las que los libaneses «se relajan los domingos», escribió Lamartine, donde «las mujeres y las jóvenes, vestidas con sus ropas más vistosas... se sientan en esteras, a la puerta de la casa, con sus vecinos y amigos». Estos lugares públicos y cívicos son los garantes de la perpetuación del pueblo, «esta unidad constitutiva de la personalidad libanesa», como diría Kamal Joumblat.


Hoy, los pueblos saboteados por el urbanismo moderno deberían intentar reconstituir en algún lugar, frente a una iglesia y una fuente marginal, la plaza que ha desaparecido del centro asolado por la autopista. Sin esta plaza, el pueblo como constituyente social es inexistente. Esta dimensión es la base de la construcción del tejido social, del ciudadano, del referente identitario y cívico y del sentido de pertenencia.

 

Para leer el texto original en francés: Le village libanais et la place démocratique (2/2)



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