La demonización de la identidad

Actualizado: 15 feb

«El patriotismo es la pertenencia a una tierra, a una historia, a una cultura... y esto es la identidad»: Papa Francisco

Líbano, Francisco, Maronitas
Papa Francisco sonriente con una playera que dice en inglés «yo soy Líbano»

Por: Dr. Amine Jules Iskandar

Syriac Maronite Union-Tur Levnon

Asociado de maronitas.org

Escrito para Ici Beyrouth


La «cancel culture», una «forma de colonización ideológica» (Papa Francisco)


Una forma de neoliberalismo se apodera a veces de la sociedad, especialmente entre sus círculos intelectuales. El pensamiento globalista elitista sueña con la abolición de fronteras, naciones, religiones e identidades. Esto es perfectamente legítimo y es, naturalmente, una de las muchas corrientes que componen el paisaje sociopolítico en sus contradicciones. El problema es que los defensores de esta ideología siguen convencidos de que sus principios se basan en la doctrina de la Iglesia. A veces consiguen que el Papa Francisco y el Vaticano digan cualquier cosa que apoye sus creencias y opiniones sobre la humanidad en general y el Líbano en particular.


Según esta élite liberal y globalista, el Papa Francisco se opone al concepto de identidad, que se percibe como destructivo, asesino e inhumano. La Iglesia abogaría por la apertura y la convivencia, lo que sería contrario a los valores identitarios portadores de odio, fanatismo y aislacionismo. Escuchemos las declaraciones del Papa para comprender el pensamiento dogmático cristiano en sus matices y sutilezas, pues no encajan bien con las generalizaciones simplistas.


La «cancel culture»


En contra de lo que se esperaba, el 10 de enero, en el Salón de las Bendiciones, ante el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa criticó duramente la nueva tendencia conocida como «cancel culture», que calificó de «forma de colonización ideológica". Es hegemónico y totalitario porque invade todos los ámbitos y viola la libertad de expresión. Con el pretexto de la igualdad entre todos y "en nombre de la protección de la diversidad», sostiene Su Santidad, se combate el concepto de identidad hasta rechazar cualquier forma de particularidad. La homogeneidad se impone en una intransigencia hacia posiciones matizadas «que defienden una idea respetuosa y equilibrada de las diferentes sensibilidades». Estamos ante una negación de la historia, y su reescritura adaptada y sometida a la ideología de esta cultura que el Papa define como «líquida» y sus conceptos contemporáneos minados por el relativismo. El Papa llama a luchar contra esta forma de pensamiento relativista que disuelve la historia, la identidad, la verdad y la humanidad.


Una Europa cristiana


Incluso cuando, en las columnas de La Stampa del 9 de agosto de 2019, el Papa denuncia el soberanismo, al que se atreve a comparar con el nazismo, sus palabras quedan matizadas. Reconoce que Europa tiene una historia y una identidad que hay que salvar. Subrayó la importancia de su patrimonio «que no puede ni debe disolverse». Lejos de demonizar la cuestión de la identidad, y en total contraste con su postura favorable a los inmigrantes, sostiene que «Europa tiene raíces humanas y cristianas», y que la identidad, que es «una riqueza cultural, nacional, histórica y artística», constituye un valor innegociable. Lo que se aplica a los países también se aplica a los grupos humanos, las comunidades y los componentes sociales. La reivindicación de su identidad particular no tiene nada que ver con el fanatismo, y menos aún con el racismo. Por el contrario, la negación de la diversidad es la verdadera xenofobia.


Identidad, historia y raíces


En su discurso en el Colegio San Carlo de Milán el 6 de abril de 2019, el Papa Francisco instó a los estudiantes a aferrarse a su identidad y hacerla fructífera. Les pidió que se acercaran a los ancianos que «son la memoria del pueblo» y que honraran sus raíces sin miedo a obstaculizar el principio de alteridad. Porque no hay oposición entre el conocimiento de sí mismo y la apertura al Otro. El diálogo entre los pueblos se basa en el principio de identidad, dijo el Pontífice. Fuera de este valor, sólo hay ilusiones, modas efímeras y lo que él compara con fuegos artificiales cuyas luces no brillan más que unos minutos. «No somos hongos que nacen solos, no: somos personas que nacen en una familia, en un pueblo...», insiste, fustigando una vez más la cultura «líquida» que nos empuja hacia la nada del nihilismo. Antes de añadir: «El patriotismo es la pertenencia a una tierra, a una historia, a una cultura... y esto es la identidad».


En 2018, el Pontífice también dijo a la Fundación Scholas Occurrentes que la identidad, la historia y las raíces son un tesoro que hay que proteger. Y que es su progresivo abandono lo que está en el origen del cierre de las sociedades sobre sí mismas, de su aislamiento y del rechazo de la alteridad.



El caso del Líbano


Todos estos valores fueron retomados por el Papa Francisco en el caso particular del Líbano. No sólo advirtió contra la disolución de la identidad libanesa, sino que planteó la importancia crucial de las particularidades dentro de ella, mencionando el caso del componente cristiano, que se negó a ver reducido a la condición de minoría. «Los cristianos son el tejido conectivo histórico y social del Líbano», dijo, «y a través de las numerosas obras educativas, sanitarias y caritativas, debe asegurarse la posibilidad de seguir trabajando por el bien del país, del que fueron fundadores».


Y en contraste con sus numerosas declaraciones a favor de los migrantes, el Papa Francisco vuelve a su inclinación por los matices. Como hizo en el colegio San Carlo de Milán, recuerda que, aunque la acogida de personas es una fuente de riqueza, conviene que los Estados evalúen su capacidad de integración. Añadió que la presencia de los refugiados palestinos y sirios debe resolverse porque «al debilitar a la comunidad cristiana se corre el riesgo de destruir el equilibrio interno del Líbano y la propia realidad libanesa».


No hay nada de xenófobo en este asunto, ni está en absoluto en contradicción con los preceptos de la Iglesia, ni hay oposición al apego de las particularidades culturales e identitarias y a las garantías políticas que las amparan. Para que el Líbano sea un mensaje de convivencia entre musulmanes y cristianos, es necesario garantizar que sus componentes puedan seguir existiendo de forma activa e influyente.

 

Leer el artículo en francés (texto original): La diabolisation de l’identité


Leer el artículo en inglés: en preparación por SyriacPress

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