La Gran Cuaresma: «Un Camino de Oración, Limosna y Ayuno»
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XVI MENSAJE DE CUARESMA
DE SU BEATITUD Y EMINENCIA
MAR BECHARA PEDRO CARDENAL RAÍ
PATRIARCA DE ANTIOQUÍA Y DE TODO EL ORIENTE

XVI Mensaje Cuaresmal
Bkerke 2026
La Gran Cuaresma:
«Un Camino de Oración, Limosna y Ayuno»
A nuestros venerables hermanos señores Obispos,
a los reverendos Superiores y Superioras Generales,
a los respetables presbíteros, monjes y monjas,
y a todos los queridos hijos de nuestra Iglesia Maronita en el Líbano, en el territorio patriarcal y en los países de la expansión,
la paz en el Señor Jesucristo y la bendición apostólica sean con ustedes.
Con el amanecer del bendito tiempo de Cuaresma, se renueva ante nosotros un tiempo sagrado, que trae consigo una gracia especial y nos hace un sincero llamado a rectificar nuestra vida espiritual, psicológica y social. La Cuaresma no es simplemente un período de abstinencia de alimentos o de realizar rituales externos, sino que es un tiempo de progreso y elevación en la virtud, un tiempo de crecimiento espiritual y de verdadero arrepentimiento. Es un llamado a volver a Dios, a renovar nuestros corazones y a reorganizar nuestras vidas sobre los cimientos del amor, la fe y la verdad.
Durante este tiempo bendito, la Iglesia nos invita a vivir tres cosas: la oración, la limosna y el ayuno. Esta tríada integrada no es una práctica separada, sino un camino único que conduce al creyente hacia una verdadera transformación interior y convierte la Cuaresma en una oportunidad para el crecimiento espiritual y la piedad práctica.
La oración es el canal a través del cual nos conectamos con Dios, abriendo nuestros corazones a su presencia viva. La oración durante la Cuaresma no es una obligación rutinaria, sino un encuentro vivo con Dios, un ejercicio de humildad y escucha, y una oportunidad para reflexionar sobre nuestra vida diaria. A través de la oración, el creyente aprende a escuchar la voz de Dios en su corazón, a descubrir su voluntad y a permitir que la gracia transforme su vida desde dentro. La oración sincera otorga paz y tranquilidad al alma, preparando el corazón para vivir a lo largo de la Cuaresma con sinceridad y devoción.
La limosna es fruto de la oración y una encarnación práctica del amor divino en la vida diaria. Durante la Cuaresma, la limosna se convierte en algo más que un simple don material; es una actitud de fe, un medio para sanar las almas y una contribución tangible a la construcción de una sociedad de bondad, justicia y amor. A través de la limosna, el creyente se abre a las necesidades de los demás, aprende el sacrificio y vive el significado de la generosidad y la misericordia enseñadas por Jesucristo. Es un puente que conecta corazones y devuelve a la humanidad el valor de compartir y amar al prójimo.
El ayuno no es simplemente abstenerse de comer; es un entrenamiento del alma, un refinamiento personal y un ejercicio de disciplina interior. A través del ayuno, uno aprende a abrirse a Dios y a los demás, y a distanciarse de todo lo que agobia al corazón y perturba al espíritu. El verdadero ayuno abarca pensamiento, palabra y acción, transformando cada aspecto de la vida en un camino de crecimiento espiritual. A través del ayuno, el creyente aprende a decir «no» a los deseos que lo frenan y un «sí» a una vida llena de virtud y amor. Es un camino de liberación interior que permite que el corazón brille con la luz de Dios y experimente la verdadera paz.
Así, los tres se complementan durante la Cuaresma:
Mediante la oración, ascendemos a Dios;
Mediante la limosna, nos acercamos a los demás;
Y a través del ayuno, nos liberamos para vivir esta conexión con sinceridad y madurez.
La Gran Cuaresma es un llamado al crecimiento espiritual, a un retorno a Dios, a una corrección del rumbo de la vida y a una renovación de nuestra alianza con Él. Es un tiempo de verdadero arrepentimiento que trasciende el mero arrepentimiento, convirtiéndose en una transformación práctica e interior que impacta todos los aspectos de nuestra vida.
El resultado de todo esto es que la Cuaresma no es simplemente un período de tiempo o una apariencia externa, sino un tiempo para llenarnos de gracia, una oportunidad para la piedad práctica y un camino hacia la verdadera alegría interior. Mediante la oración ascendemos, mediante la limosna amamos y mediante el ayuno nos liberamos. Este es el gran tiempo de Cuaresma, un tiempo para un mensaje de amor, un tiempo de refinamiento espiritual y un tiempo de sanación y crecimiento espiritual.
Recibamos esta Cuaresma con el corazón abierto y hagamos de cada día una oportunidad para aplicar esta bendita tríada. Preparémonos para la alegría de la Resurrección y demos testimonio de la fe viva que transforma nuestras vidas y fortalece nuestro testimonio.
Orientaciones Pastorales
a) La Gran Cuaresma y la penitencia durante y fuera de ella
La Gran Cuaresma dura siete semanas, en preparación para la Pascua. Comienza el lunes de Ceniza y termina la mañana de Pascua. Consiste en ayunar desde la medianoche hasta el mediodía, y de abstenerse de comer carne, huevos y productos lácteos.
Por decisión del Comité Litúrgico Patriarcal, las campanas no sonarán al mediodía del Sábado Santo, sino después de las vísperas, a las 18:00, ya que el Sábado Santo es un día de ayuno, silencio y reflexión.
Los siguientes sábados, domingos y festivos están exentos de ayuno y abstinencia: San Juan Marón (2 de marzo), los Cuarenta Mártires (9 de marzo), San José (19 de marzo), la Anunciación (25 de marzo) y el santo patrón de la parroquia. Sin embargo, durante toda la Semana Santa —desde el Lunes al Sábado Santos— el ayuno y la abstinencia siguen siendo obligatorios.
Las personas enfermas o inválidas cuyo estado de salud requiera alimentos para su sustento generalmente están exentas del ayuno y la abstinencia, especialmente quienes toman medicamentos para enfermedades crónicas o se encuentran en condiciones de salud particularmente delicadas, así como los pacientes hospitalizados temporal o periódicamente. Se entiende que los niños comienzan el ayuno el año siguiente a su Primera Comunión, teniendo en cuenta su edad escolar.
Se invita a los que están exentos de la ley de ayuno y abstinencia a que se basten con un pequeño desayuno suficiente para tomar medicinas
Dadas las exigencias de la vida y para aliviar la carga de los fieles, la ley del ayuno sigue siendo obligatoria durante la primera semana de la Gran Cuaresma y la Semana Santa. Quienes no puedan observar el ayuno deben compensarlo con actos de caridad y misericordia.
La Iglesia observa la abstinencia fuera del tiempo de Cuaresma, en preparación a tres festividades, cada una de los cuales ha sido designada para una semana por nuestra autoridad. Estos son los siguientes: el ayuno de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y los Doce Apóstoles (del 21 al 28 de junio); el ayuno de la Asunción de la Virgen María (del 8 al 14 de agosto); y el ayuno de la Navidad (del 16 al 24 de diciembre).
La abstinencia de los viernes se mantiene durante todo el año, con excepción del viernes que cae en la semana de la Ascensión, los viernes entre Pascua y Pentecostés, y los viernes entre Navidad y Epifanía. También se excluyen los viernes que caen en las siguientes fiestas: la Circuncisión del Niño Jesús (1 de enero), la fiesta de San Antonio el Grande (17 de enero), la Presentación de Cristo en el Templo (2 de febrero), la fiesta de San Juan Marón (2 de marzo), la fiesta de los Cuarenta Mártires (9 de marzo), la fiesta de San José (19 de marzo), la fiesta de la Anunciación (25 de marzo), la fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo (29 de junio), la fiesta de la Transfiguración del Señor (6 de agosto) y la fiesta de la Asunción de la Virgen María (15 de agosto). Además, en la memoria de la Decapitación de San Juan Bautista (29 de agosto), la Natividad de la Virgen María (8 de septiembre), la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre), la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María (8 de diciembre), la Navidad de Nuestro Señor Jesucristo (25 de diciembre), la fiesta patronal de la Parroquia y la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.
b) Ayuno Eucarístico
Es la abstinencia de alimentos ligeros que los sacerdotes y los fieles practican como preparación para recibir la Sagrada Comunión durante la Divina Liturgia, al menos una hora antes del inicio de la Misa. En esta ocasión, recordamos mantener la gracia de Dios, la modestia en el vestir y la reverencia, y recordar a Cristo, el Señor, presente en las formas del pan y del vino.
Conclusión
Al concluir este mensaje de la Gran Cuaresmal, oramos para que este tiempo santo sea una verdadera oportunidad para el crecimiento espiritual, la renovación de la fe, la profundización de la esperanza y la práctica de la caridad. Oramos para que aceptemos la invitación de la Iglesia con corazón abierto y caminemos juntos por este camino que conduce a la Resurrección.
Hagamos de esta Cuaresma un tiempo de oración sincera, un tiempo de generosa limosna, un tiempo de ayuno que libere el corazón y renueve la vida, para que lleguemos a la Pascua del Señor con corazones y vidas transformadas, con frutos de arrepentimiento y esperanza. Amín*.
Con mi amor, mis oraciones y mi bendición apostólica.
Bkerke, 9 de febrero de 2026, Fiesta de Nuestro Padre San Marón.
+ Bechara Pedro Cardenal RAÍ
Patriarca de Antioquía y de todo Oriente
* En la tradición maronita se conserva la expresión «Amín», expresión propiamente siríaca, en vez de «Amén»
Fotos de la carta original:
















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