Neutralidad y Federalismo

Publicación y traducción al español por Maronitas.org con autorización y cortesía de Tur Levnon.


Por: Dr. Amine Jules Iskandar

Presidente de la «Syriac Maronite Union-Tur Levnon»

Asociado de «maronitas.org»


Cien años después de la creación del Estado del Gran Líbano, somos más que nunca incapaces de asumir un mínimo de soberanía nacional. La clase política, sobre todo la llamada oposición, y la sociedad civil, vacilan entre rechazar totalmente a los líderes y dinámicas actuales y sugerir soluciones milagrosas utópicas.


Desde el levantamiento del 17 de octubre, muchos creen haber detectado la causa fundamental de los males del Líbano: la corrupción, el despilfarro y la incompetencia. Sin embargo, estas fallas son sólo las consecuencias de un país que fue secuestrado y mantenido como rehén por fuerzas sucesivas, que van desde las milicias palestinas, hasta el ejército árabe sirio y, actualmente, una milicia respaldada por el Irán.


Algunas voces en la revolución del 17 de octubre van aún más lejos al condenar a todos los políticos, y el sistema confesional existente que llaman "retrógrado". Ya en 1926, el Líbano estableció un sistema de gobierno y administración basado en la "discriminación positiva" (conocida como "acción afirmativa"), adoptado en los países occidentales democráticos décadas después.


En el Líbano, este sistema fue diseñado para preservar la diversidad cultural y nacional. Aunque se le denomina injustamente "confesional" en tono peyorativo, aseguró la representación de los grupos minoritarios más pequeños, en todos los sectores del Estado. Este sistema es el que impidió que el Estado fuera gobernado sin el acuerdo de todos sus componentes, incluso los más marginados, e impidió que una milicia con una peligrosa ideología totalitaria expandiera su hegemonía sobre todos y cada uno de los sectores.


Con el pretexto de luchar contra la injusticia social, algunas voces de la revolución han confundido la "marginación" con la "discriminación positiva", y las causas de la enfermedad del Líbano con los síntomas. Afirmando que su intención es evitar el colapso del país y luchar contra la injusticia, estos grupos podrían estar eliminando la última carta que el pueblo libanés aún tiene contra una milicia totalitaria, extremista y sobrearmada.


Argumentan que el sistema "confesional" fomenta el favoritismo y la corrupción, en lugar de la integridad y el mérito. No les parece, ni siquiera un poco, que su lucha contra el confesionalismo, también se apoye en los propios símbolos de nepotismo dentro de la revolución, y aún más en Hezbollah y sus satélites, que no apreciarían nada más que desviarse de las raíces del problema del que forman parte.


Muchos políticos son los aliados incondicionales del "Estado dentro del Estado", pensando que este tipo de alianza les permite reinar de manera sostenible sobre el país. El sistema está protegido y alimentado por "un Estado dentro de un Estado". El propósito de esta entidad es desmantelar la nación, para poder imponer astutamente su agenda exterior. Su activo es el Estado centralizado, que les permite compartir el pastel y, lo que es más importante, mantenerse lejos de la amenaza de sanciones legales y políticas. Por lo tanto, la verdadera lucha debe ser contra la monopolización del poder de que disfrutan, y no contra el sistema "confesional" per se, ya que es la centralización del poder la que da vía libre a todos los abusos.


No es en absoluto concebible poder soñar con un Estado moderno y próspero, cuando el Líbano acaba abandonando su sistema multicultural y se ahoga en un solo color, debido a la hegemonía de un grupo mayoritario o, más concretamente, de un grupo respaldado por una potencia extranjera.


Lo que se presenta como la "solución milagrosa" no hará sino aumentar la emigración y la completa desintegración de la estructura demográfica, así como la identidad del país.


La idea de una República con valores cívicos también puede resultar una peligrosa utopía. Considerar al ciudadano como un producto de la única ley absoluta es reducir el ser humano que lleva dentro, despojarlo de todas sus cualidades históricas, culturales, espirituales e individuales. El derecho y la República deben seguir siendo instrumentos al servicio de la humanidad en toda su complejidad y no deben caer en la ciega y reductora globalización. Entre los ciudadanos y el pueblo, siempre existió y siempre existirá el Grupo. Y el concepto de "Grupo" está bajo la constante amenaza de ser borrado por totalitarios de diferentes formas, ya sean los soviéticos, los nazis, los arabistas, e incluso podría ser una versión errónea de la noción de República.


Ante la crisis que atraviesa el Levante, el Líbano y su estructura, se hace necesario analizar la realidad política desde dos dimensiones: la primera sería el propio sistema, y la segunda es cómo se aplica el sistema.


El sistema en sí mismo no es una carga; es la aplicación del sistema lo que es defectuoso. Alejarse del sistema confesional sin ofrecer una alternativa que tenga en cuenta la protección de la diversidad sería un suicidio. El nuevo sistema que puede adoptarse en lugar del confesional, debería asegurar la aplicación de los conceptos democráticos que faltaban en el sistema confesional. Un sistema federal, que reconozca a las entidades por su naturaleza cultural, permitiría el desarrollo de los estados con un gobierno secular. Sólo entonces, la adopción del laicismo no se aplicaría a expensas de las comunidades minoritarias, que quedarían a merced de trastornos mayores o regionales en un escenario en el que el laicismo se aplica sin federalismo. Sólo una forma de federalismo, con la descentralización de los poderes legislativo y ejecutivo, puede ser la solución para abandonar el actual sistema confesional y adoptar el laicismo en las regiones que deseen adoptarlo, votándolo democráticamente.


Aunque esta forma de federalismo, es la solución para dejar atrás el sistema confesional, no es, sin embargo, la solución para resolver todos los problemas actuales del Líbano, ni puede garantizar por sí sola la paz, la seguridad y la prosperidad, ya que podría verse gravemente perturbada por el contexto político actual. No es ningún secreto que la libertad de las personas en todas sus formas, la independencia del sistema judicial, el estado de derecho, seguirán en peligro mientras el Líbano se vea constantemente arrastrado a conflictos regionales.