IGLESIA MARONITA

Por: Alberto Meouchi

La Iglesia Maronita –una iglesia del oriente cristiano– es una de las veinticuatro Iglesias «sui iuris» de la Iglesia Católica, y ha sido la única, entre estas veinticuatro, que jamás se ha separado del Obispo de Roma: siempre ha reconocido la suprema autoridad y el primado del papa y ha permanecido en comunión plena con él, de ahí que no exista una contraparte maronita no-católica.

San Marón († ca. 410) es el epónimo de quien tomó el nombre la Iglesia Maronita; y es la única Iglesia «sui iuris» que lleva el nombre de un santo. El monasterio de san Marón o Beit Marón fue un monasterio de mucho prestigio y autoridad en los siglos V y VI, y a cuantos acudían a él o a los monjes ahí residentes les llamaron “maronitas”. En sentido estricto, san Marón no fundó a los “maronitas”, pero los “maronitas” recibieron su nombre de este santo anacoreta, aprendiendo de él su fidelidad a la Iglesia Católica. En efecto, la Iglesia Maronita es el grupo de católicos de la Iglesia en Antioquía que, a raíz de las controversias cristológicas, permanecieron fieles a la doctrina del concilio de Calcedonia (451 d.C.). La sede quedó vacante ante los ojos de Roma, pues los jacobitas nombraron a sus jerarcas sin aprobación del papa, y el patriarcado de Constantinopla realizó esfuerzos en vano por llenar dicha vacante.

En medio de esta anarquía que surgió en Antioquía los monjes de Beit Marón decidieron poner fin a esta situación y nombraron, de entre los monjes de su monasterio, a Juan Marón I [† 707]) como patriarca de Antioquía [Nota: Es importante destacar aquí el aspecto canónico de la elección de san Juan Marón como patriarca de Antioquía: a pesar de que Constantinopla había nombrado nominalmente a cuatro patriarcas, esto no fue conforme a derecho, pues Antioquía no era sufragánea de Constantinopla, por lo que ésta no podía nombrar al patriarca (incluso aunque hubiera buena intención en Constantinopla para resolver el problema de la vacancia); otro hecho relevante es que el papa jamás rechazó o condenó el nombramiento de los patriarcas procedentes del monasterio de Beit Marón, como sí lo hizo para condenar los abusos que se suscitaron en otros momentos por el nombramiento de patriarcas, como sucedió, por ejemplo, cuando el papa san León Magno reprobó al patriarca Anatolio de Constantinopla por haber nombrado a Máximo para la sede de Antioquía (457) o cuando el papa san Martín condenó la nominación de Macedonio para la sede de Constantinopla (649). Esto confirma, pues, que el clero del patriarcado de Antioquía (encabezado por los monjes maronitas) siguió el procedimiento vigente, para nombrar a su patriarca].

Aunque sus orígenes se remontan al siglo I con la fundación de la sede de Antioquía por parte de san Pedro, la conformación de Iglesia Maronita como tal se sitúa en el siglo IV entre los cristiano de habla aramea (cristianos siro-parlantes) de la región de Apamea en el valle del río Orontes (Siria Segunda), y se consolidó en el siglo VI-VII con al elección de san Juan Marón, cuando asumió el título de Patriarca de Antioquía y de todo el Oriente convirtiéndose en el primer patriarca maronita. Aunque se han planteado dudas por parte de algunos estudiosos sobre la existencia de san Juan Marón, pues se cuentan con pocas fuentes documentales sobre él, la enorme tradición y devoción con que la Iglesia Maronita ha venerado a san Juan Marón hace imposible su no existencia.

Por su ultranza fidelidad a Calcedonia, algunos historiadores de la talla de Ricardo García Villoslada, S.J. († 1991) erróneamente han tildado a la Iglesia Maronita de haber incurrido en la herejía del monotelismo, pero ello no es verdad. La Iglesia Maronita siempre ha negado esa falsa acusación –que surgió por el siglo XVI–, pues no existe constancia histórica de ello, más que una malainterpretación de algunos textos (v.gr. cf. Tel-Maḥré [† 845] en Crónica Universal de Miguel el Sirio [Livre IV, págs. 459-460]).

A consecuencia de las persecuciones de que fueron víctimas, particularmente por la expansión árabe musulmana del siglo VII se vieron obligados a refugiarse en las montañas del norte del Líbano quedando así su historia fusionado con el Líbano. No se puede pensar el Líbano sin los maronitas, ni tampoco a los maronitas sin el Líbano. Sin ser sinónimos ni conceptos intercambiables –la Iglesia Maronita y el Líbano– son, al mismo tiempo, realidades indisociables.

La Iglesia Maronita pertenece a la tradición litúrgica siro-occidental, y conservó su impronta siríaca aunque no se libró de algunos influjos bizantinos y, sobretodo, latinos (por ejemplo, del siglo XVI al siglo XX los sacerdotes –excepto los obispos– fueron obligados por Roma a emplear ornamentos latinos, y se les impuso usar una reelaboración del Canon Romano, hecha en el siglo XVIII, como Plegaria Eucarística, que a partir del Concilio Vaticano II fue descartada). Para consagrar la Eucaristía utiliza pan de harina de trigo sin levadura, ese decir, pan ácimo. En su liturgia conserva aún vivo el arameo, el mismo idioma que habló nuestro Señor Jesucristo, incluso, aunque sea celebrada en lengua vernácula la misa, tanto la consagración como el Trisagio son, invariablemente, cantados en esta venerable lengua.

Es una Iglesia Patriarcal, es decir, presidida por un patriarca cuya residencia oficial, desde 1830, está en Bkerke (Líbano). Para su gobierno cuenta con un Sínodo Patriarcal constituido por todos y solos los eparcas (i.e. obispos) de la Iglesia Maronita, convocado y presidido por el patriarca. El Sínodo Patriarcal junto con el patriarca maronita constituye la instancia superior para todos los asuntos del patriarcado.

Cuando al patriarca maronita se le concede el título de cardenal ha de pertenecer al Orden de los Obispos según el motu propio Ad Purpuratorum Patrum Collegium (Pablo VI, 11 de febrero de 1965). En este documento además se decreta que a los patriarcas orientales –al no pertenecer al clero de Roma– no se les asignan ninguna sede suburbicaria, ni título o diaconía romanos, sino que mantienen el título de su sede patriarcal.

En relación al clero, en la Iglesia Maronita hay un porcentaje –aunque muy bajo– de clero casado. Es decir, pueden acceder al orden sacerdotal hombres de probada virtud, que han recibido el sacramento del matrimonio. Esto solo aplica para el clero secular, y no para el clero religioso.

La Iglesia Maronita, fuera de su territorio patriarcal cuenta a la fecha (2019) con presencia jerárquica en Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Colombia, Estados Unidos, Francia y México.

Bibliografía:

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Cómo Citar:

MEOUCHI, Alberto. Diccionario Enciclopedico Maronita. Chihuahua, Mexico: iCharbel.editorial (2019). Sitio web: https://www.maronitas.org


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